Antes de mostrarse en las canchas, la tarjeta verde ya empieza a jugar su partido con las Jornadas de Socialización y Sensibilización por el Juego limpio, a través de esta estrategia Fair Play ideada por el periodista antioqueño Roosevelt Castro Bohórquez, hace más de tres décadas y media.
Edwin Ortega Ospina-Director A Todo Deporte
Aún no ha sido levantada en medio de un partido en el fútbol antioqueño. Todavía no aparece en la mano de un árbitro frente a una jugada ejemplar. La tarjeta verde, por ahora, no habita las canchas paisas y colombianas. Pero ya empezó a jugar su partido más importante: el de la conciencia.
El pasado 24 de abril, en la Institución Educativa Santa Rosa de Lima, en Medellín, no rodó el balón, pero sí una idea de más de 35 años. Allí se dio el pitazo inicial de las Jornadas de Socialización y Sensibilización por el juego limpio, una apuesta pedagógica que, bajo el liderazgo de la Liga Antioqueña de Fútbol, busca abrirle camino a una nueva forma de entender el fútbol aficionado.
Los anfitriones fueron los árbitros afiliados a la Corporación Colegio de Árbitros de Fútbol de Antioquia —Arbiantioquia—. No vestidos de negro riguroso ni marcando fueras de lugar, sino como facilitadores de una conversación urgente: la necesidad de erradicar las violencias que se han ido naturalizando en el entorno del fútbol, especialmente en las categorías formativas.
Una idea antes que un gesto
La tarjeta verde aún no se muestra. Se explica. Se desmenuza en palabras, en ejemplos, en reflexiones compartidas entre quienes sostienen el ecosistema del fútbol: árbitros, clubes deportivos, entrenadores, dirigentes, periodistas y padres de familia.
No es una cartulina de color distinto. Es una estrategia. Una que propone reconocer las buenas conductas como camino hacia la paz, la convivencia y el juego limpio. Una que busca, antes de sancionar, formar.
“Esto hace parte de un compromiso institucional serio”, explica Helder Acevedo, director ejecutivo de la Liga Antioqueña de Fútbol.
“No estamos improvisando. Estamos socializando una herramienta que se articula con un protocolo claro para la prevención y erradicación de las violencias en el fútbol aficionado de nuestro departamento. Pero, sobre todo, estamos promoviendo un cambio cultural”.
El árbitro que también educa
En aula de clases acondicionada como auditorio, los árbitros escuchan, preguntan, intervienen. Por momentos, parecen cambiar el silbato por la palabra.
Óscar Alexis Gutiérrez, presidente de Arbiantioquia, toma la vocería desde la convicción:
“Este es un paso necesario. El arbitraje no puede seguir siendo visto solo como autoridad sancionadora. También somos formadores. Y la tarjeta verde nos invita a reconocer lo que está bien hecho, que muchas veces pasa desapercibido”.
A su lado, la experiencia respalda el mensaje. Omar Orrego, árbitro de la categoría Master, aporta desde la vivencia:
“Esto no se trata de suavizar el fútbol, sino de dignificarlo. Si logramos que los jugadores entiendan que el buen comportamiento también cuenta, estamos sembrando algo que va más allá del resultado”.
La tribuna, el otro terreno de juego
Uno de los momentos más reveladores de la jornada ocurre cuando la conversación se desplaza hacia los bordes de la cancha. Allí donde no se juega con balón, pero sí con palabras.
Padres de familia, muchas veces sin darse cuenta, se convierten en protagonistas de un partido paralelo: el de la presión, la exigencia desmedida, la protesta constante.
Las jornadas lo ponen sobre la mesa sin rodeos: los niños no solo aprenden a jugar, aprenden a comportarse. Y lo hacen imitando.
Una disrupción desde la raíz
La tarjeta verde nace como una respuesta a una realidad incómoda, pero innegable. Roosevelt Castro, su creador, la define como una estrategia de transformación: “No podíamos seguir normalizando ciertas conductas. La tarjeta verde es una alternativa. No para reemplazar lo que ya existe, sino para complementarlo desde la formación. Queremos un fútbol que eduque, que construya, que inspire”.
Y en esa inspiración hay una palabra que atraviesa toda la jornada: coherencia. Porque no basta con hablar de juego limpio: hay que practicarlo.
El partido que apenas comienza
Lo que ocurrió en la Institución Educativa Santa Rosa de Lima no fue un evento aislado. Fue el primer paso de un recorrido que apenas comienza.
Las Jornadas de Socialización y Sensibilización seguirán llegando a distintos públicos del fútbol antioqueño, llevando un mensaje que no pretende ser cómodo, pero sí necesario.
“La tarjeta verde, por ahora, no se levanta en nuestras canchas, se siembra. Y como toda semilla, necesita tiempo, cuidado y voluntad colectiva para crecer, como la ha hecho en otras geografías del mundo en donde ha llegado y crecido nuestra iniciativa”, comenta el periodista deportivo Castro Bohórquez, creativo de esta estrategia Fair Play hace más de tres décadas y media.
En Antioquia, el fútbol aficionado ha decidido darse esa oportunidad, porque antes de cambiar los resultados, hay que cambiar las formas. Y ese, quizás, sea el verdadero juego.
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