lunes, 14 de septiembre de 2020

La tarjeta verde que premia el autocuidado durante la pandemia

 


Por: Linda Manuela García Vásquez *

La tarjeta verde, creada por el árbitro Roosevelt Castro se ha visto reflejada en las canchas de fútbol para premiar el juego limpio, pero después de la llegada del Covid-19 al país y a la ciudad de Medellín, se empezó a trasladar a las calles para premiar la buena cultura ciudadana frente a la pandemia.

En una alianza con la Secretaría de Cultura Ciudadana y la Alcaldía de Medellín, Castro decidió salir a las calles para resaltar el buen comportamiento de la ciudadanía con los protocolos de bioseguridad, así mismo, se le sacó tarjeta roja a aquellas personas que no estaban haciendo el uso adecuado del tapabocas.

“Yo le presenté un plan a la secretaría de cultura ciudadana y ellos lo aprobaron y me incluyeron en el plan estratégico de la comunidad artística de la ciudad de Medellín. Yo como “artista” quería ubicar las bondades de la tarjeta verde en el contexto de la cultura ciudadana” resalta Roosevelt.

En el mes de agosto se realizaron tres jornadas consecutivas para premiar el comportamiento de la sociedad en las calles y así incentivar a las personas a un cuidado personal y colectivo y reducir las posibilidades de contagio.

Las jornadas se desarrollaron entre el 18, 19 y 20 de agosto: el martes 18 de agosto el destino fue la Unidad Deportiva de Belén, el miércoles 19 de agosto, se concentraron en el Cerro de Las Tres Cruces y, por último; el 20 de agosto estuvo en la Unidad Deportiva Atanasio Girardot. Estas fechas fueron definidas por el balance alto que se estaba presentando de personas contagiadas de Coronavirus y buscaba la reflexión de la ciudadanía para hacer un buen uso del autocuidado.

“Para definir los lugares donde se realizaría la campaña, la Alcaldía nos comentó en qué lugares podíamos hacer las jornadas de sensibilización y nosotros propusimos varios sitios, de los 6 sitios que sugerimos nos dieron dos y uno lo escogió la alcaldía. Nosotros propusimos la Unidad Deportiva de Belén y la Unidad Deportiva Atanasio Girardot y la alcaldía nos dio el Cerro de Las Tres Cruces” agregó Castro.

Con la realización de la campaña en un recorrido durante tres días consecutivos, fueron beneficiados alrededor de 800 personas a las que le llegó el mensaje de la tarjeta verde que Castro implementó con el desarrollo de activación del Fair Play (juego limpio) ciudadano.

“Por ahora, no se tienen programadas ninguna otra jornada de sensibilización por parte de la tarjeta verde, porque ya estamos prácticamente post pandemia y los de Cultura Ciudadana están pensando en unas estrategias diferentes con el programa Medellín me Cuida y Yo cuido a Medellín que son los programas de la Alcaldía de Medellín” Concluyó Roosevelt Castro.

Aunque no está programado continuar con las jornadas, el balance fue positivo porque fueron más gustos y agradecimientos por parte de la población cuando les sacaba la tarjeta verde, que los disgustos cuando veían un rechazo al no portar adecuadamente el tapabocas.

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* Estudiante de periodismo de la Universidad de Antioquia.

domingo, 6 de septiembre de 2020

Marroquín y el juego limpio

 

Por: Roosevelt Castro B.

El doctor Cristhian Barnard, precursor del primer trasplante al corazón, murió de un ataque cardiaco. Beethoven, uno de los más grandes músicos alemanes, era sordo. Más aún Alfred Hichtcock, el maestro del suspenso, se mantenía irascible y era producto de sus temores y sus miedos. Son algunas de las paradojas más representativas de varios seres humanos que lograron trascender.

Con lo anterior puedo asegurar que el nombre de Luis Alfonso Marroquín Osorio giró entre lo paradójico “pues vivió para el juego limpio, pero la vida no le jugó igual”.

El Marroco que conocí

A Luis Alfonso Marroquín Osorio lo conocí en 1980. Hacía su tránsito de director técnico de los equipos del Colegio San Ignacio de Medellín a tomar la posta de Ramiro Monsalve en los seleccionados antioqueños, dos años después.

En esos momentos yo fungía una doble misión futbolera: dirigía un equipo llamado Medellincito y perifoneaba como periodista deportivo en el programa “Pantalla Deportiva”.

Medellíncito y el periodismo: dos retos simultáneos










Nuestra primera misión iniciando los 80’s surgió de la necesidad obligada de “no frustrar los sueños futbolísticos” de varios niños que no dejaron participar en el último Babyfútbol organizado por Guillermo Hinestroza Isaza.

A finales de 1979, Hinestroza Isaza me llama para hacer parte de la organización de esta fiesta infantil de los goles y las gambetas. Él ya había tenido varios acercamientos con Hernán Gómez Agudelo, gerente del DIM, para realizarlo a nombre del cuadro rojo de Antioquia. Gómez Agudelo ya conocía la trayectoria del polifacético hombre de la pelota y la radio antioqueña, pues, al igual que él, habían jugado en Huracán de Medellín, en los albores de la profesionalización del fútbol en Colombia.

De igual forma porque Hinestroza Isaza ya tenía la experticia en la realización de este tipo de eventos deportivos, pues tenía tres a cuestas cómo mandamás de Babyfutbol en Colombia.

Con el último realizado en 1973, en el Coliseo Cubierto Iván de Bedout, surgieron grandes figuras para El Poderoso. Gustavo Nilsen Zapata, Orlando Pérez, entre otros y quienes engrosaron la plantilla profesional roja, le dieron el recambio poderoso y la motivación dirigencial para volver a repetir este ágape futbolero.

Lo malo del asunto fue que el afamado periodista deportivo se fue “lanza en ristre” contra el dirigente del futbol, pues este, según Guillermo, “lo quería gratiniano”, es decir gratis.

Los micrófonos de Radio Popular y los fantasiosos personajes que salían de la potente voz de Hinestroza Isaza, empezaron a ridiculizar la situación. Chiflamicas Tumbalocas, El Padre Anacleto, Lepogo, Jaoral II, no callaron sus voces y “Goles y Comentarios” se convirtió en una especie de tribunal de Inquisición en contra de Gómez Agudelo.

La retaliación no se hizo esperar. A principios de diciembre le suspenden la licencia de locutor a Hinestroza Isaza. El Ministerio de Comunicaciones envío un prontuario al Radio sistema Federal y, por dos años, apagaron el micrófono para Don Guillo.

De igual forma, los dos equipos que habíamos conformado para competir en el Torneo fueron expulsados sin mediar palabras. Así nació Medellíncito.

El Torneo infantil mutó su nombre. Ya no se llamó Babyfútbol sino “Torneo de la Esperanza”. El escenario no cambió: se realizó en el Coliseo Iván de Bedout, con mucha de la reglamentación primigenia como el límite de estatura. Gómez Agudelo incorporó a su equipo de trabajo al odontólogo Antonio Franco Ruiz y al entrenador de las divisiones menores José María Ramacciotti. De igual forma, un Hugo Castaño Triviño estampaba las camisetas y se encargaba de la logística del Festival, en el que salió campeón “El Dorado”, orientado por Elcías Pérez.

René Higuita, Andrés Escobar, Óscar “El Galea” Galeano, Tucho Ortiz Junior, Carlos Gaviria, Guillermo Álvarez, entre otros, surgieron de este festival infantil del balón. 

De otro lado, los pequeños poderositos del Medellincito recalaron a la Liga Antioqueña de Fútbol. Se inscribieron en la Cuarta Categoría, sin pago alguno. La Universidad Pontificia Bolivariana los cobijó. Allí entrenaron, allí sudaron, allí conocieron a Alberto Escobar Acevedo, un profesor del bachillerato e igualmente a un hombre que empezaría a transformar al balompié paisa: Luis Alfonso Marroquín Osorio.

Yo también recalé a “Pantalla Deportiva”, un espacio deportivo en el dial antioqueño, que se emitía por Radio Popular, del Radio sistema Federal. Lo dirigía Orlando Alarca Gaviria (QEPD), quien fuera “padre periodístico” de Anselmo Quiroz, Lucho Escobar, Santy Martínez, Eduardo Sánchez, Diego Echeverry, entre otros.

Marroco sigue la senda de Tucho y hace pasantía con Monsalve

Para 1981, llega a la dirección de los seleccionados antiqueños el bellanita Luis Alfonso Marroquín Osorio, asesorando al titular Ramiro Monsalve. Quiere darle orden a la casa, ya que el año anterior los juveniles habían perdido el título, en partido extra jugado en Cali contra la selección Magdalena, por marcador de 1-0. En la blanca y verde de Antioquia jugaron Carlos Mario Hoyos, Santiago Escobar, Luis Fernando “Chonto” Herrera, Juan Jairo Galeano, Javier Arango, Luis Fernando Valero, entre otros. Los costeños tenían entre sus filas a Carlos “El Pibe” Valderrama. Después se conocería que los de la Costa Atlántica serían despojados del titulo por “chanchullos” cediéndole la corona juvenil a Putumayo.

Marroquín criticó el “Juego sucio” costeño, por ello empezó a depurar los procesos de inscripción de los jugadores. Así colaboró un año con el fútbol maicero. 

Como una hormiga laboró ese año, viendo cómo Antioquia se subía a lo más alto del podio en la categoría mayores y seguía en deuda con los juveniles y prejuveniles.

En 1982 ya es propietario del sillón de técnico. La deuda se saldó. Con nóminas de lujo y de gran riqueza técnica, la sub 16 y la juvenil se llevan el campeonato nacional. Luis Carlos Perea, Leonel Álvarez, Gustavo Pérez, Marcos Velásquez, Néstor Piza, Rubén Bedoya y René Higuita, entre otros, asumieron el reto de rescatar el oro para Antioquia y así darle el sexto título en la juvenil y el primero en la prejuvenil.

Y no sólo eso sucedió. El juego limpio empezó a brillar por los estadios colombianos, de la mano del estratega antioqueño, nacido el 19 de enero de 1948.

Sin mácula

La Copa Coca-Cola sigue surtiendo la cantera del balompié nacional. En 1983, Antioquia repite título con los juveniles, bajo la égida del popular “Marroco”, con la asistencia de Hugo Castaño Triviño. Este último también llevó a Antioquia a obtener el máximo galardón de balompié nacional, pero con la categoría Prejuvenil.

El Fair Play se convierte en el estandarte maicero e igualmente en un estilo de vida. Los seleccionados antioqueños empezaron a marcar la pauta de juego limpio, en el balompié aficionado de Colombia.

Este mismo año viaja a Brasil. De allí trae un modelo de formación deportiva, que transformaría positivamente al fútbol colombiano. Las Escuelas de Fútbol son el modelo deportivo que empieza a inquietar al “eterno aprendiz”, como se autocalificaba este gran hombre del fútbol. Este sueño duraría en despertar tres años después.

Para 1984, Antioquia registró una nómina de lujo, en la que casi un 90% de sus integrantes casi tres años después se vistieron las camisetas del fútbol rentado colombiano.

Mauricio Porras, John Edison Álvarez, Gelvet Garzón, Arturo Cárdenas, Felipe Pérez, Wilson James Rodríguez, John Jairo Tréllez y René Higuita, entre otros, defendían el título obtenido el año anterior.

Pero ocurrió lo impensado: el adalid del juego limpio sufrió en carne propia la expulsión de su seleccionado. El jugador Campo Elias Zúñiga, de la subregión de Urabá, jugó con los papeles de su hermano menor Víctor Manuel. Antioquia fue descalificada.

La mácula recayó en el balompié aficionado nacional, pues, al descubrir otros chanchullos y las adulteraciones en la edad de algunos jugadores de Bolívar y Bogotá, la Difutbol le otorgó el título a San Andrés, seleccionado que ni siquiera participó en el hexagonal final que dictaminaba el campeón.

Igualmente, el patrocinador oficial retiró su apoyo definitivo al balompié aficionado del país.

Marroquín salió bien librado, pues se comprobó que el dolo fue del jugador y el “profe” no tuvo nada que ver en el asunto. El juego limpio del bellanita salió airoso y es premiado con dirigir la Tricolor nacional en el Campeonato Sub-20 antes “Torneo Juventudes de América”, que se jugaría en Asunción, Paraguay, a principios del año siguiente.

Marroquín, “el tramposo tricolor”

Para 1985 logra asirse del mando de la selección Juvenil. Antes, y con los seleccionados colombianos, estuvo cercano a los procesos de Efraín “Caimán” Sánchez Casimiro, en la Copa América de 1983, y del médico Gabriel Ochoa Uribe, en las Eliminatorias al Mundial de México de 1986. Ellos arroparon el proceso del nuevo estratega nacional.

Lo que no conocían Sánchez Casimiro ni Ochoa Uribe es que Marroquín cambiaría el chip del jugador colombiano. Con base paisa, el bellanita empezó a practicar lo que se llamó “el entrenamiento invisible” a sus dirigidos del combinado nacional.

Estuvo atento a todas “las trampas” en que habían caído lo jugadores, cómo sus malas inversiones del dinero, el manejo de la fama, el empleo de las horas de asueto, la vida noctámbula, y varios pecados capitales, para cambiarles el chip de ser mejores ciudadanos.

De igual forma, y en los entrenamientos, hacía que los suplentes enfrentaran a los titulares vestidos con los colores distintivos de diferentes las selecciones con que iba rivalizar. Les espetaba que ninguno era superior al otro y que ambos tenían las mismas cualidades y por lo tanto de “camiseta no se ganaba”. Esta fue una de sus “trampas predilectas”.

Ese cambio de mentalidad empezó a calar en sus pupilos. De eso son testigo mudo René Higuita, John Jairo Tréllez, John Edison Castaño, Wilson James Rodríguez, Romeiro Hurtado, Carlos Álvarez y Felipe Pérez entre otros, quienes vieron las bondades del nuevo estilo de este apóstol del Fair Play.

El Suramericano de Paraguay cambió la historia, Colombia fue tercera y clasificó por primera vez a un Campeonato Mundial de la categoría. La U.R.S.S esperaba a una tricolor ávida de seguir mostrando su evolución futbolística. Colombia pasó a la segunda fase, ganó por primera vez en un certamen orbital a Túnez 2-1. En la ronda siguiente se enfrentó a Brasil perdiendo 6-0, equipo que al final se coronó campeón mundial. Allí Colombia se ganó el trofeo de Juego Limpio y al final ocupó el octavo puesto.

De igual forma, catapultó a muchos jugadores que, bajo la égida de Francisco Maturana, llevarían a nuestros seleccionados a tener presencia en tres Mundiales consecutivos y un título continental de clubes, con Atlético Nacional cómo campeón de la Copa Libertadores de América.

La Marroquín, pionera en formación y en Fair Play

El puntapié inicial es con equipo Los Grullitos, patrocinado por una empresa de calzado ubicada en Envigado. Luego, y en 1986, cambiaría su razón social para tomar el nombre de su fundador y vestir los colores amarillo y azul, similares a los de la selección Brasil.

Trabajar con mucho amor extensivo a la familia y crear buenos ciudadanos para la sociedad, fueron algunos de los muchos objetivos de esta Escuela deformación deportiva pionera en Colombia.

Igualmente, y con el estandarte Juego limpio, la Escuela Luis Alfonso Marroquín fue la primera del país. El modelo importado de la tierra de la Samba y de Pelé dio sus frutos.

Hugo Castaño, Abdiel Ocampo, Gonzalo Marroquín, Carlos Silva, entre otros, estuvieron integrando el cuerpo técnico y de docentes, que ayudaron a regar las semillas llenas de valores y de juego limpio del profesor Marroquin.

En el génesis de la tarjeta verde

Un día de 1996, el respetuoso del juzgamiento y sus normas, cómo lo aseveran algunos árbitros que pitaron algunos de sus partidos programados por la Liga Antioqueña de Fútbol y entre los que me encontraba yo, me invitó a su oficina ubicada a pocos pasos de la Unidad Deportiva de Belén, sede de su Escuela. Él había visto mi manera peculiar de interpretar las 17 leyes del reglamento, que la complementaba con el de fortalecimiento en valores, a través de una laminita del Divino Niño.

-         Vi que su juzgamiento es muy didáctico con los niños y quiero felicitarlo, porque además lo complementa con los valores. Esto me gustó y quiero por ello hacerle un pequeño regalo.

-         ¿Qué es profesor? Le pregunté apenado, mientras me sentaba en un sillón enorme y visitaba ese santuario en que había convertido su oficina, lleno de cuadros de certificaciones, recortes de prensa, fotos de Leonel Álvarez, René Higuita, Luis Carlos Perea, Gildardo Gómez, entre otros. Igualmente, de muchos trofeos de sus grandes triunfos en el deporte de sus amores y en los que no podía faltar los de Juego Limpio, lema que también estaba en el membrete de su correspondencia y en la portada a la entrada de la sede de su Escuela, encarnado en un niño futbolista pateando un balón.  

Salió de su oficina y me entregó un acrílico blanco con una leyenda en letras mayúsculas rojas que decía: Juego limpio, por favor.

_ ¡Muchas gracias!, fue lo que alcancé a expresarle a este gran ser humano, uno de los 12 hijos de Luis Alfonso y de Ana Rosa (QEPD) e igualmente el padre amoroso de Ginna.

Casi un cuarto de siglo después, y en el 2009, su escuela cerró sus puertas y sus educandos no volvieron a pisar sus instalaciones, añorando sus enseñanzas llenas de valores y de juego limpio, heredadas de muchos de sus tutores, cómo lo fueron el padre jesuita Álvaro Vélez Escobar o el Rector del Colegio de San Ignacio, Fernando Londoño, en la época en que lo conocí.

Mi último encuentro con el revolucionario entrenador colombiano fue cerca a la entrada de la Unidad Deportiva de Belén, en Medellín, Colombia. Me dirigía para cumplir la misión de jefe de prensa del XVII Festival Escuelas de Fútbol de la Copa Acord, categoría sub 12, que organizaba el colega Jaime Herrera Correa.  La estatua de Andrés Escobar Saldarriaga, conocido como “El Caballero del Fútbol, fue testigo silencioso de nuestra corta charla.

-         He visto la evolución de su propuesta de Juego limpio y lo vuelvo a felicitar. Esa tarjeta verde que usted pregona va a ser muy valiosa para el fútbol. Fueron sus últimas palabras llenas de sabiduría de este hombre que fue todo corazón.

Ahhh... y este trofeo personal de acrílico blanco con el valioso lema de Juego Limpio todavía lo conservo, añorando a Marroquin Osorio y su gran aporte que marcó la identidad de nuestro fútbol. Del mismo modo, el gran ser humano que murió “Sin carnaval, ni comparsa” como lo dice Piero en su cantar, entregando su corazón el pasado 2 de septiembre de 2.020 y con la gran paradoja de que “el fútbol no le jugó limpio a él y a sus grandes aportes”. 

viernes, 4 de septiembre de 2020

La tarjeta verde que premia el buen uso del tapabocas

 


Por Pablo Arbeláez Restrepo.

Tomado de Cápsulas de Fútbol

 En la simpática vida de Roosevelt Castro siempre estará presente el otro yo, sin que falte como permanente compañía su famosa creación: la tarjeta verde.

Por lo regular, a este comunicador tolimense, pero más paisa que la arepa, se le conoce como periodista deportivo, jefe de prensa y hasta humorista. Pero en su álter ego (el otro yo) figura de manera recurrente el arbitraje, oficio y pasión que lo llevó a pensar en la práctica del juego limpio como estilo de vida ciudadano.

Como si se tratara del viejo Clark Kent de las revistas de caricaturas y de las películas de hoy, que esconde tras los anteojos y su trabajo como periodista al verdadero Superman, Roosevelt se dio a la tarea de buscarle el empleo adecuado a la tarjeta en tiempos de pandemia, para asumir el papel de Agapito Silva, un riguroso juez central que imparte justicia por medio del código universal del semáforo, el cual está implícito en el uso de las cartulinas amarillas y rojas del balompié como bien inmaterial de la humanidad.

El curtido comunicador que debe su nombre a dos expresidentes de los EE.UU. de apellido Roosevelt, movió sus contactos en plena crisis sanitaria y logró cautivar con la idea de la implementación a Lina Gaviria, de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, para sacar del guardarropa su colorido uniforme de árbitro y así lanzarse a la calle. Tras haber estado guardado por varios meses en casa, acompañando a su mamá Cecilia, dejó sus íntimos linderos, para premiar y estimular el uso del tapabocas o llamarle la atención, de buenas maneras, a quien no lo empleara de forma adecuada.

Roosevelt Castro, en compañía del fotógrafo Walter Urán, visitó tres puntos de la capital paisa, en medio de un panorama de soledad e infinita incertidumbre, pero con la infaltable presencia del público que realizaba actividad física por encima de las circunstancias de la época. Y para lograr el cometido del plan Medellín me cuida y sus estrategias público-privadas de #ColombiaArrancaSeguro y #YoCuidoaMedellín, fueron primero, con los mejores ánimos, a la unidad deportiva de Belén donde se topó con el exfutbolista Robeiro Moreno, quien jugó como profesional en Nacional, Once Caldas y Bucaramanga y que hoy labora en Habilidosos Fútbol club, teniendo frente así, como testigo mudo, la estatua de Andrés Escobar, el caballero del fútbol.

“Ver a un árbitro como Roosevelt en la calle mostrando las tarjetas es algo que no me lo esperaba y esto me causó una gran sorpresa. La metodología escogida me dio una positiva impresión, porque el uso de los tapabocas de forma correcta, es un aporte de cada uno de nosotros al bienestar ciudadano, ya que algunos, infortunadamente, se toman este asunto a la ligera”, anotó Moreno, quien también recibió la tarjeta verde como premio al acatar las normas.

Otros frentes

Roosevelt Castro enseña la tarjeta oficial de la campaña en pro del uso adecuado del tapabocas, teniendo como testigo mudo la escultura de Andrés Escobar, el caballero del fútbol.

La pareja de comunicadores también visitó en su recorrido la base del Cerro de las Tres Cruces, en la parte alta del barrio Belén, y la unidad deportiva Atanasio Girardot, donde tuvieron un agradable encuentro.

“Cuando me lo encontré me sorprendí. De inmediato me mostró y me entregó la tarjeta verde. Fue muy agradable ver que una persona vestida de árbitro hiciera la campaña como una muestra de cultura ciudadana, porque cuidarse uno es cuidar a los demás”, cuenta la tecnóloga en Sistemas de Información, Adriana Patricia Gómez, guardiana especial de la estrategia de Vías Activas y Saludables (VAS), promovidas por el Inder de Medellín, que laboraba ese día en el anillo interior que circunda al escenario futbolero.

Allí en los alrededores del coloso de la carrera 74 y en otros sitios en los que el periodista-árbitro desarrolló las activaciones del Fair Play ciudadano, al verlo llegar ataviado con su traje de silbato, con las tarjetas oficiales de la campaña, -verdes con un emoticón amarillo, luciendo el tapabocas en el anverso, y rojas en el reverso-, y con una pieza publicitaria de Estado de cuidado total, la gente reaccionó en su mayoría de forma positiva. Claro que no faltó quien lo evadiera, para no recibir la tarjeta púrpura como “regalo” por no llevar el barbijo, pero algunas de las personas que abordó lo premiaron con voces de aliento: “usted es el Mockus de la tarjeta verde”, le dijo un señor a manera de agradecimiento.

Otra de las acciones que lo sorprendió fue la de un niño que iba en compañía de sus padres, quien recibió gustoso la cartulina verde de la campaña y reaccionó mostrándosela de vuelta al pintoresco árbitro callejero.

La campaña, cuenta Roosevelt, dio buenos frutos, al repartir más de 800 tarjetas oficiales, con señales de agradecimiento por parte de los ciudadanos, así tuviera algunos tropiezos como el sucedido con una jovencita que le hizo borrar las fotos a su reportero gráfico, porque le había sacado la tarjeta roja, o la molestia que sintió al ver cómo algunos jóvenes andaban por las vías de Medellín sin ninguna clase de protección, lejanos al acatamiento de las recomendaciones y de las normas impartidas por el Gobierno debido a la presencia de la covid-19.

Para su fortuna, el peculiar juez, que estaba protegido con una careta de vinilo y el tapabocas, para evitar el contagio del coronavirus, quedó satisfecho con esta que fue su primera experiencia en el sector público, la que tildó como “una montaña rusa de emociones”. Pero lo verdaderamente importante era sembrar la inquietud en la gente, como parte de esta campaña de autocuidado.

Así Roosevelt Castro saliera esta vez en condición de Agapito Silva, siguiéndole los pasos a Clark Kent y a Superman, por aquello del otro yo, a manera de paladín de la justicia arbitral y la sana convivencia ciudadana, la tarea se cumplió al pasar de las canchas a la calle, dejando tras de sí un gratificante mensaje de civismo, urbanidad y juego limpio con los demás.



domingo, 9 de agosto de 2020

El Ochoa Uribe que conocí


Transcurría el año de 1979.  Recién me había graduado como bachiller académico en el Liceo Nacional Marco Fidel Suárez, el año anterior.  Laboraba en Radio Popular, del Radio Sistema Federal de Antioquia, por invitación cordial de mi maestro Guillermo Hinestroza Isaza.  Era mi segunda experiencia en el dial antioqueño, ya que  Hinestroza Isaza, me hizo parte del Staff periodístico de Tribuna Roja, un espacio radial dedicado al DIM , que se emitía por Emisora Claridad de Todelar.
Radio Popular hacía parte de un grupo de emisoras, en las que también  estaban La Voz del Cine con énfasis en música  rock, y de la cual emergieron figuras cómo Tito López, Donny Miranda, Carlos Alberto Ríos, entre otras.  La tercera era una emisora que “machacaba música clásica” casi todo el día y,  contrario a Don Quijote,  de cuyo nombre si quiero acordarme, pero se pierde en la memoria.
Sus propietarios eran Mario Gutiérrez Cárdenas, Senador de la Republica, y Jaime Saldarriaga Arcila, uno de los que le dieron el puntapié inicial a la creación del Atlético Nacional en los albores de 1937 con Hinestroza Isaza…pero esa es otra historia.
Sus oficinas estaban en  el piso 12 del   Edificio La Libertad, ubicado en Palacé con Maracaibo,  detrás del Hotel Nutibara, pleno centro de la ciudad de Medellín.
Llegó el América sin maldición
A finales de noviembre de ese año llegó el “encopetado” América de Cali, con todos sus estelares, para enfrentar al Atlético Nacional, dirigidos por Oswaldo Juan Zubeldía. Era la última fecha de los cuadrangulares semifinales de  la versión 31 del Futbol  Profesional Colombiano.
Carlos Alfredo Gay, Luis Alegría Valencia, Aurelio José Pascuttini, Gabriel Chaparro, Luis Eduardo Reyes, Wilson Américo Quiñónez, Juan Manuel Battaglia, Gerardo González Aquino, Víctor Lugo, Jorge Ramón Cáceres y Alfonso Cañón, entre otros, llegaron a la ciudad a romper el hechizo o la llamada “maldición de Garabato” y con quien se habían reconciliado en ese mismo año en que también habían traído al médico Gabriel Ochoa Uribe, para “exorcizar”  los males de los llamados “Diablos Rojos” de Cali.
Ochoa Uribe, nacido el 20 de noviembre de 1929 en Sopetran, Antioquia, recién cumplía sus 50 años de vida.
El equipo escarlata vino a Medellín trayendo una victoria en sus cuentas. Había derrotado al Pereira 1-0.  Por su parte, Atlético Nacional empató 0-0 con Junior en el Estadio Atanasio Girardot, casi que negando su posibilidad de avanzar al cuadrangular final.
Evocaciones a la redonda
Era el viernes 23 de noviembre, dos días antes del partido. El técnico americano invitó a Guillermo Hinestroza Isaza al sitio de concentración en el Gran Hotel, ubicado en el centro de “La Capital de la Montaña”.  Eran viejos conocidos, ya que el Ochoa Uribe fungió como portero en los albores del fútbol  profesional Colombiano y  “Don Guillo” también había ocupado esa posición en equipos como Huracán de Medellín, Santa Fe, entre otros.  Igualmente, los unía la amistad con Carlos Álvarez, un legendario arquero antioqueño.
A la charla fui de “metiche” o “metelagomez”, adjetivos que me espetaba entre risas el polifacético Hinestroza Isaza.  El estratega americano tenía fama de “cascarrabias” y  de “malas pulgas”.  Fui prevenido.  La cita fue  antes del mediodía e igualmente  antes de la emisión del programa “Goles y Comentarios”.  Un abrazo Quiebracostillas rompió el hielo ente Ochoa Uribe y el casi sexagenario periodista paisa.
-Te presento a mi fiel escudero, mi ponderado amigo ROOOOSSSSEVVVVVEELLLLTTTT, expresó con una risa en sus labios mi maestro  y casi que deletreando mi nombre.
- Mucho gusto joven, saludo el profesor mientras extendía su mano derecha y yo hacía lo mismo, pero con una timidez que me agobiaba.
La evocación empezó a aflorar. La memoria lúcida de los dos contertulios traía al presente la creación del Unión, equipo de infantes del barrio Boston que luego le daría origen al Atlético Nacional. Igualmente las atrapadas de un balón esquivo y muchas veces pesado que hacia su genial amigo Carlos Álvarez.  El amor por los caballos y su época de Jockey de Ochoa Uribe, en el Hipódromo de San Fernando, que también contaba con una cancha de fútbol para los partidos. Remembranzas aquellas que, entre risas, compartían los hombres del fútbol.
Ochoa Uribe también le recordó a Guillo sus inicios en el rentado colombiano con el mismo equipo que tres décadas enfrentaría en el Atanasio Girardot. De igual forma, un poco de su recorrido por el balompié de Brasil y del país.
“El Tío Memo”, por su parte, también le expresó al galeno y técnico del América que íbamos a realizar un Torneo Babyfútbol con la gente del Deportivo Independiente Medellín, por invitación cordial de Hernán Gómez Agudelo y muy similar a los que este versátil hombre orientó por tres versiones anteriores. Lo que no supo el profe Ochoa Uribe es que a los pocos días, ya el papá de “El Bolillo” se lo entregaría a Antonio Franco Ruiz y José María Ramaciotti, por las duras críticas que el afamado periodista había realizado en los micrófonos de esta emisora antioqueña.
La risa desmitificó a este hombre del fútbol, que conquistó cinco títulos como jugador con el onceno capitalino Millonarios y  el mismo número con ese equipo bogotano. De igual forma, una estrella con el Independiente Santa Fe y siete con el América, la primera de ellas en ese año de mi encuentro con él, para convertirse en el estratega colombiano con más títulos en nuestro balompié  rentado.
La cita culminó 45 minutos después, el tiempo reglamentario  que dura la mitad de un partido y sin la reposición necesaria porque debíamos dirigirnos hacia la cabina de la emisora.
Ese día me fui “sacando pecho” para el programa, no sin antes agradecer al gran maestro por la oportunidad dada de encontrarme con este ser tan valioso para la redonda del país.
Ahhh…y el resultado final del encuentro dominical: 4-2 a favor de Nacional, pero que no le sirvió, porque el profesor Ochoa avanzó como segundo del grupo A detrás de Atlético Junior, para luego coronarse como campeón del rentando por primera vez, rompiendo el embrujo o la maldición del odontólogo palmireño Benjamín Urrea, más conocido como “Garabato”.

miércoles, 3 de junio de 2020

Roosevelt Castro le saca la “Tarjeta roja a la violencia”

El “Comunicador de la paz” nos habla
Roosevelt Castro le saca la “Tarjeta roja
a la violencia

“Hay hombres que luchan un día y son buenos,
hay hombres que luchan un año y son mejores,
hay hombres que luchan varios años y son muy buenos,
hay hombres que luchan toda una vida:
esos son imprescindibles”
B. Brech.

ENTRE DOS AMORES GIRA LA VIDA DEL PREMIO “SHOFAR, ES TIEMPO DE PAZ”: EL FÚTBOL Y EL PERIODISMO Y LA VE CON UNA CLARIDAD PROPIA DE UN SER EVOLUCIONADO. LE ENCANTA EL ANONIMATO, PERO ES CONSCIENTE QUE CON SU TRABAJO HA LOGRADO INFLUIR EN MUCHAS DE LAS PERSONAS QUE GIRAN EN TORNO A UN BALÓN DE FÚTBOL. HAY UNA PALABRA QUE LO DEFINE: HUMILDAD.
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Por: Erika Andréa Céspedes-Naty Gómez Z.

Desde hace rato viene “transpirando fútbol”. Sí, la vida de Roosevelt Castro Bohórquez ha girado entre balones, pitos y micrófonos. Este comunicador social-periodista e historiador de la Universidad de Antioquia y técnico profesional de fútbol siempre ha estado escribiendo y ayudando a escribir las grandes gestas del balón paisa. Su amplio recorrido en diferentes medios de comunicación lo han mostrado como un ser sensible a lo humano. Igualmente, con grandes preocupaciones por la violencia en el fútbol, deporte que jugó desde su pre adolescencia en las diferentes mangas de la unidad deportiva Atanasio Girardot. Ha contribuido para que los espíritus beligerantes y belicosos cesen, con su campaña institucional “TARJETA ROJA a la violencia”. Igualmente, ha ganado varios reconocimientos con esta campaña que le sirvió de puente para llegar a la “Cumbre Mundial de Paz-Bogotá 2009”
El árbitro en acción: y el pito suena y sueña


De otro lado, una de esas acciones en beneficio del balompié es el arbitraje.

Sí, cuando Roosevelt sale los fines de semana a pitar los partidos de fútbol que eventualmente le programan, en su maletín azul carga no solamente los implementos propios del árbitro: tarjetas, cronómetros, pitos, pantalonetas, medias negras con visos blancos, guayos o camisetas de diferentes colores y tonalidades, sino que guarda, celosamente, una gran cantidad de laminitas con la imagen del Divino Niño, con el único pretexto de entregárselas a los niños antes de empezar los partidos. Ahora las cambio por una tarjeta verde,

Mientras calza sus guayos, se enfunda su camiseta amarillo mostaza con rayas negras y de la cual pende unos moños de diferentes colores, coloca su escarapela de árbitro, prepara sus tarjetas tanto roja como amarilla y verde, arreglaba un poco su incipiente cabello y moja con un poco de agua su tez morena de la que sobresalen dos lunares en su pómulo izquierdo, va comentando por qué lo hace: “lo llamo arbitraje didáctico – dice con voz pausada y continúa- Lo de la laminita es un pretexto para acercarme a ellos con un mensaje de amor, paz, respeto y especialmente de tolerancia “.

Es que en las estampitas que reparte Roosevelt hay un mensaje: “ Yo amo, respeto, tolero a mi adversario y contribuyo con el juego limpio” y con ellas quiere inculcar un poco de amor en las canchas en donde le toca ejercer éste duro y desagradecido oficio y cuando habla de pretexto indica: “Algunos de los niños de los torneos de las categorías tercera, cuarta o escolar son Testigos de Jehová o son Evangélicos o son Judíos y no creen en el cuento de la laminita del Divino Niño por eso opté por cambiarla por un código más universal y me cree la tarjeta verde. Igualmente, porque el componente cromático, y simbólico está articulado a historia de las tarjetas del fútbol. Eso fue hace más de 7 años. Yo Les digo que lean y reflexionen acerca del mensaje y que lo que quiera hacer con ellas no me interesa. Además les digo que lo más importante es que imiten lo bueno de los grandes jugadores de fútbol; que no hace falta llenarse de soberbia, vanidad o engreimiento; que hay que respetar a los demás y siempre, siempre, trabajar en equipo y con mucho amor “, les indica a los niños el árbitro Castro.


Ha ingresado la cancha Auxiliar No. 3, en la Unidad Deportiva Andrés Escobar Saldarriaga (Más conocida cono Unidad Deportiva de Belén). Saluda a algunos de los padres de familia que van ha ver el partido de sus hijos. Hace lo mismo con los técnicos de los equipos y los auxiliares. Llama a los equipos. Recoge los carnés y parece como si los canjeara por las tarjetas verdes, pues mientras los infantes entregan sus identificaciones como jugadores reciben las láminas con un saludo personalizado y una advertencia: “Bienvenido, quiero que lea y reflexione acerca del mensaje que hay en la tarjeta, creo que puede ser importante para su vida”.


El ritual no dura más de 8 minutos. Después de recibir los carnés y guardarlos en su pantaloneta negra, hace una última advertencia, esta vez a los capitanes de los equipos: “Recuerden que esto es un juego y no es necesario la violencia”. De igual forma, conmina a los pequeños futbolistas diciéndoles que: “ustedes empiezan con TARJETA VERDE , depende de ustedes si les saco mis amigas la amarilla o la roja”. Hace el sorteo del equipo que escogerá la mitad del terreno de juego y del que habla la norma número 8. Se persigna. Y da inicio al partido, esta vez entre dos equipos de la categoría cuarta.

Durante el partido realiza acciones en beneficio del “Juego Limpio”. Corrige a los niños y hace que levanten a los otros y les den sus respectivas disculpas, cuando cometieron un falta a su adversario. De igual forma, hace que atiendan o el mismo lo hace, cuando un niño se lesiona ., Del mismo modo, detiene el partido para cuando se comete una falta para explicar lo que se pitó- De la misma forma, hace repetir saques de banda cuando están mal ejecutados, diciéndoles que: “esto no aparece en el reglamento, pero quiero que lo aprendan para que más adelante no se equivoquen al hacerlo”.

Han transcurrido los dos tiempos reglamentarios de 35 minutos cada uno y el partido de fútbol llega a su fin, entre aplausos e insultos y gritos destemplados de algunos hinchas, en su mayoría padres de familia y hermanos o familiares de algunos de los pequeños futbolistas. Además, el sudor y una última bendición del árbitro del partido.

Mientras los tímidos rayos de sol salen a saludar el medio día de un domingo de agosto, varios de los niños e hinchas abandonan la cancha Auxiliar No. 3 . Algunos alegres por haber ganado el partido, otros cabizbajos y tristes por haberlo perdido.

Es que ese interés de Roosevelt por combinar la pedagogía con el fútbol nació hace más de 25 años cuando participó, como director técnico de unos equipos de futbolito, en los torneos que organizaba la parroquia Nuestra Señora de Lourdes del barrio Florida Nueva-Estadio, en la ciudad de Medellín. Él observó cómo antes de los partidos se les impartían una catequesis a los participantes de los torneos y quien no asistiera a ellas no podía jugar. Le gustó tanto que quiso compartirla, bajo sus propios parámetros, con los equipos infantiles de la Fedefútbol y desde 1997, cuando pidió reingreso como árbitro, lo viene haciendo.


Han sido más de dos décadas y media años donde ha llevado su mensaje de amor, respeto, tolerancia y no violencia en las diferentes canchas de balompié del departamento de Antioquia, bajo la tutela del ExFIFA antioqueño Juan Manuel Gómez Botero.

Otros mensajes de paz

De su camiseta de árbitro penden tres moños de diferentes colores: uno negro, otro verde y otro con el tricolor colombiano. ¿Qué significan? : “el negro significa el luto por mucha gente que ha muerto de manera intolerante en nuestro país; el verde representa la paz, que si no la encontramos en nuestros corazones y la damos no podrá salir y surgir nunca para nuestro bien y el moño tricolor es Colombia que se mueve entre los otros dos”, enfatiza Roosevelt Castro

Otro gesto de paz es su aporte al conocimiento. Roosevelt ha sido invitado como ponente en varios eventos académicos. Con la ponencia “El periodismo deportivo: ¿una balacera lingüística?” estuvo participando en calidad de expositor en la I Cumbre Mundial de Paz. En el 2009 la ONG “pacifistas Sin Fronteras” lo tuvo en cuenta para que entregara sus vastos conocimientos en Bogotá, con la mirada de sus dos pasiones: el fútbol y el periodismo y su contribución con la paz desde su campaña institucional “TARJETA ROJA a la violencia”.
Tres años después repitió en Bogotá en otro escenario. La Universidad de Santo Tomás le aprobó su contribución con la paz y lo invitó a su evento académico del III Congreso Internacional de Comunicación para la Paz “La comunicación en los procesos contemporáneos de Paz-Conflicto: Escenarios, actores, agendas y desafíos”.
Igualmente, estuvo como miembro en las mesas de trabajo de los lineamientos “Fútbol con inclusión social” y “Academia-Investigación” del Plan Decenal para la Comodidad, la Seguridad y la Convivencia en el Fútbol Colombiano 2013-2023.

El técnico: “Nací predestinado”

Es que ese discurso de carácter espiritual está muy bien cimentado en lecturas de Deepak Chopra, Antony de Mello o la Biblia, en especial el Nuevo Testamento y la vida de Jesús de Nazaret. De hecho en su biblioteca hay una serie de libros de varios de los escritores mencionados o de otros como Conny Méndez y, además, de diferentes temáticas, entre las que no podían faltar las inherentes al fútbol.

“Nací predestinado” es lo que siempre afirma al referirse a sus inicios en el fútbol y en el periodismo. Y no es para menos: ha sido jugador, técnico, y realizador, detrás de bambalinas, de muchos programas deportivos radiales.

Los prados o zonas verdes de la Unidad Deportiva Atanasio Girardot, se convirtieron en cómplices de su inmenso amor por el balompié. Cuando su padre, un jubilado de la Federación Nacional de Cafeteros, recaló, con su mujer y toda su familia compuesta por ocho hijos hace más de un cuarto de siglo, a una casa de habitación que había adquirido en el sector de Florida nueva – Estadio, vieron evolucionar y dar lo mejor de sí, en beneficio del fútbol antioqueño, a Roosevelt.

Esas mangas fueron testigo mudo de las batallas futbolísticas que emprendía Roosevelt con sus equipos de fútbol a los que bautizó como “Las Águilas”, “Real Florida” y “Sporting Florida”, para jugar los desafíos barriales que programaba con otros.

“En Sporting Florida fui asistente técnico y preparador físico. Participamos con ellos en la Liga Antioqueña de Fútbol, en la categoría de Ascenso. Yo tenía como 17 años de edad, cuando, con Luis Alfonso Pizarro como técnico, asumí esa responsabilidad, sin haber terminado mi bachillerato en el Liceo Nacional Marco Fidel Suárez”, comenta el fundador del periódico “El Ideal Juvenil” en su colegio.
“Me gradué como bachiller en año de 1978, pero no pasé a la Universidad de Antioquia. Quería estudiar periodismo, pues no solo había sido creador del periódico en mi colegio sino que ese año conocí a un monstruo del periodismo: Don Guillermo Hinestroza Isaza. Él me dio la oportunidad de trabajar en radio deportiva, especialmente en un programa llamado Tribuna Roja, un espacio dedicado al DIM, que se emitía por Emisora Claridad, de Todelar”, evoca Castro Bohórquez.
Para 1979 los micrófonos de “Don Guillo” y la grabadora de Roosevelt se trasladan para Radio Popular, del congresista Mario Gutiérrez Cárdenas y de Jaime Saldarriaga Arcila, uno de los primeros integrantes del Unión, equipo fundado por Hinestroza Isaza que le dio el génesis al Atlético Nacional.

El Babyfútbol, inicios con la magia del balón
“Hinestroza Isaza me invita a hacer parte del programa Goles y Comentarios. Se emitía por el Radio Sistema Federal y su emisora Radio Popular. Este grupo de emisoras después las adquirió el Grupo Radial Colombiano, GRC (Hoy Colmundo Radio). Ese año nos contacta el Dr. Hernán Gómez Agudelo, papá de “El Bolillo”, para que le hiciéramos un torneo
Babyfútbol, muy similar al que realizaba Guillermo en años anteriores”, recuerda el llamado “Juez de los Valores”.
En 1973 fue el último de los tres torneos infantiles de fútbol que desarrolló este genio, pintor, escritor y periodista deportivo antioqueño. Con gran éxito vio desfilar figuras como Gustavo Nilsen Zapata, Orlando Pérez, Rogelio Zapata, Luis Ormeño Gómez. Albeiro Casas, entre otros, quienes habían salido de ese torneo y ya formaban parte de plantilla profesional del DIM. Fue por ello del llamado de urgencia de Gómez Agudelo, quien fungía como gerente del equipo rojo de Antioquia, para que le realizaran un torneo similar. “Guillermo aceptó el reto y me invitó. Pero lo que no sabíamos era que Gómez Agudelo quería un torneo gratis y como el polémico periodista no tenía pelos en la lengua, le espetó unas cuantas verdades en el micrófono al dirigente paisa y este, disgustado, nos quitó la realización del torneo infantil de fútbol. Llamó como relevo a José María Ramacciotti, director técnico de las divisiones menores, y al odontólogo Antonio Franco Ruiz”, rememora el tolimense de nacimiento y antioqueño por adopción.
El coliseo de baloncesto Iván de Bedout fue el anfitrión de la fiesta futbolera a principios de 1980. De allí salieron grandes figuras para el fútbol como Andrés Escobar, René Higuita, Óscar “Galea” Galeano, Guillermo Álvarez, “Mecha” Jurado, entre otros.
“Cuatro años después, Guillermo y yo buscamos al Dr. Franco para reactivar el Babyfútbol. Después de dos o tres reuniones con el afamado odontólogo paisa, le propusimos que nos ganáramos un dinero con ello y se convirtió en una blasfemia para él. “Yo por dinero no les trabajaré a ese proyecto”, sentenció Franco Ruiz y se fue sin dar aviso”, comenta con nostalgia el trabajador de Editorial Colina en Medellín, en ese momento.
Es que Franco Ruiz ya tenía asegurado el futuro con su profesión, pues tenía contratos con el Seguro Social y con sus clientes en un consultorio privado, en cambio los otros querían “rebuscarse” un dinero, pues Guillermo estaba vendiendo pauta para su espacio radial “Goles y Comentarios”, que se emitía por Radio Ritmos y Roosevelt trabajaba para una empresa editorial.
Así las cosas, Franco Ruiz, en la dirigencia de la Liga de Atletismo de Antioquia, les hizo mutis por el foro y se llevó el proyecto para hacerlo gratis con Julio Vélez, Gonzalo Peláez, Julio César Acosta, Álvaro Galeano, entre otros, creando la Corporación Babyfútbol Los Paisitas y organizando el primer torneo en 1985.
“Le cuento esto, ya que fuimos tres personas las que le dimos “el puntapié inicial” a lo que 35 años después es esta fiesta infantil de 15 disciplinas deportivas llamada el Festival de Festivales, que empezó con el fútbol y que a dos de ellas nos echaron al olvido: Guillermo Hinestroza Isaza y Roosevelt Castro Bohórquez”, sentencia el comunicador social-periodista de la Universidad de Antioquia.

A sí y como director técnico ha ayudado en el crecimiento personal y deportivo de muchos niños y jóvenes de su barrio. Dirigió y asesoró con acierto los equipos de Medellicinto, la Universidad Pontificia Bolivariana, Farmacia Rivoli, Boca Junior, Chiquilines, y los representativos de su sector en los juegos metropolitanos. Además, entregó sus vastos conocimientos en el balompié al club Cosmos en los torneos del Club Juvenil Lourdes.

El periodista: escribe derecho en renglones torcidos

Paralelo a su pasión por el balompié crecía en él otra: el periodismo. Fundó el periódico El Ideal Juvenil, en su colegio; asesoró otra publicación Goles y Comentarios, más adelante produjo la revista “Sólo... Fútbol Aficionado”; y colaboró con las notas del fútbol aficionado en un semanario llamado Tribuna del Hincha y con los programas radiales Tribuna Roja; Gente, deporte y punto; Deporte – Deporte; Hora 13 del deporte; Pantalla Deportiva; Sábados de Fútbol Aficionado”; “Los líderes del deporte” y “Qué viva el fútbol” , en diferentes frecuencias del dial “paisa”.




Ha adelantado varios proyectos en diferentes medios como la radio, la televisión, la prensa o la misma Internet, entre los que se cuentan: “ La Gran Ciudad” (Conjuntamente con Carlos Alberto Bermúdez, es un programa radial que pretende construir ciudad con un periodismo serio y reflexivo)“ Goles, sólo goles” ( Un espacio que pretende ser pionero de radio deportiva en la Internet en Colombia), “El pitazo final” ( un proyecto fílmico que quiere mostrar el submundo del fútbol en Medellín), “Fútbol Aficionado”(Una publicación deportiva, especializada en balompié aficionado), “El sueño de los pibes” ( Propuesta radial que busca rescatar las ilusiones de muchos niños y adolescentes para convertirse en futbolistas profesionales.), “Qué viva el fútbol” (Conjuntamente con Carlos Alberto Bermúdez, es un espacio radial y televisivo que pretende mirar el fenómeno del fútbol desde la interdisciplina haciendo un periodismo más humano con crónicas, perfiles y humor).ue co- fundador de la única propuesta radial que fusionó humor y deporte en Medellín llamada El Despelote Deportivo y donde encarnaba un personaje muy ético llamado Agapito Silva. Su lema: “sacarle roja a la violencia y darle la norma de la ventaja al amor “. También integró, hace siete años, la Unidad Investigativa de Wbeimar lo Dice.


Además, “La fuerza deportiva”( Proyecto radial que sirve como generador de información deportiva desde el lugar de los hechos. Además, se le anexa el “toque humano” a través de los perfiles de los deportistas)“El Fortín Rojo” (Propuesta radial que quiere difundir y mostrar la parte humana de los gestores del campeonato del llamado “Equipo del pueblo”: el Deportivo Independiente Medellín) “Tarjeta Roja a la violencia”y ” El Preliminar” (Proyectos de campaña publicitaria y radial tendientes sensibilizar a los amantes del fútbol para bajar los niveles de agresividad y violencia en el Atanasio Girardot y en las canchas de balompié aficionado antioqueño).


Otras de sus “locuras” las ha realizado por Cable Unión de Occidente y sus canales 2 (CNC) y 8 (Expresiones de Antioquia). La primera se llamó “La pelotera Deportiva”: una combinación de humor y deporte. “Historias a la redonda” es la segunda propuesta en donde se conjugan varios géneros periodísticos poco trabajados como la crónica, el reportaje, el perfil y los documentales.


Con corresponsales ficticios en toda el área metropolitana, en Colombia y el mundo los integrantes de esta “Pelotera” televisiva intentaban, y de hecho lo hicieron, sacarle una sonrisa a la vida.


Nerdstor Retonto (Eh,... perdón, Redondo), Galletita de té, Casimiro Vergara, Las Neas, Gaguileo Lenguas, Cindy Varicela, Alam Brito, Tina Silva, Farmanuel , “El che Modesto” , Lastenia Rojas, Luis Limón, Linda Porras, el padre Mebolas o Agapito Silva fueron
algunos de los personajes que realizaban las diferentes corresponsalías dominicales, para esta “pelotera deportiva”. Así mismo, las imitaciones de los diferentes personajes del deporte como Faus-tiro Asprilla, Cargamanto Pelea, entre otros fueron realizados por Fredy Cuartas y, de igual manera, a nuestro Juan Gabriel o nuestro Rafael Marthos fueron imitados por Daniel Botero, todos los domingos a las 7 y media de la Noche.

Roosevelt Castro fue el director, productor y presentador, conjuntamente con Nayive Henao Zuleta, de esta propuesta humorística y periodística “ y hasta vendedor de papitas, chitos o chicles “, como socarronamente lo dice. Allí hacia un personaje muy ético que se llamaba Agapito Silva, el árbitro de fútbol que le importaba un pito criticar, y quien realizaba una entrevista insolente e irreverente con los personajes del deporte y al final los invitaba a “Sacarle la tarjeta roja a la violencia y darle la norma de la ventaja al amor”, como era su frase de batalla, la que había rescatado del mismo personaje que hacía en “El despelote Deportivo”.

Historias a la redonda”, su segunda propuesta televisiva a través del cable, es un anhelo que tenía desde hace muchos años: realizar un proyecto periodístico que trabajara géneros poco realizados, por la misma inmediatez de los hechos, apostándole más a un periodismo investigativo y de fondo. La crónica, el reportaje, el perfil y los documentales son los géneros periodísticos que disfrutan los televidentes de Cable Unión de Occidente, por el canal 8 (CNC), para mostrar esas pequeñas y grandes historias que giran en torno a un balón de fútbol. Con seis años al aire, HISTORIAS A LA REDONDA hizo fiel sus dos misiones: la primera es la de reconocer sin mezquindades la gente que, con el fútbol, ayuda a construir un mundo mejor. Igualmente, contribuir con la paz y la convivencia en los estadios de fútbol, a través de su campaña institucional “TARJETA ROJA a la violencia” es su segunda misión.

El balón va a la red ...de redes

La internet, como instrumento importante de comunicación, no le es ajena. Comparte con varios colegas y amigos sus experiencias con la pelota. Así mismo, sus preocupaciones por crear espacios de paz y convivencia ante ese fenómeno que carcome al fútbol: las barras bravas. Sus puntos de vista hacen sinergias con organizaciones tan importantes como “Salvemos al fútbol” de Argentina, “Deporte sin insultos”, “Periodistas en contra de la violencia en el deporte” , “Idioma y Deporte” y “Clan del fútbol” de España y “Corresponsal de paz” de México.
wwwhistoriasalaredonda.blogspot.com, www.RooseveltCastro,blogspot.com, y el último www.masquemusculo.blogspot.com, son sus pequeños sitios en internet y dónde, según él, “hago mis catarsis periodísticas y contribuyo con mi filosofía del deporte”.

Roosevelt y el juego limpio

Simultáneamente a sus labores periodísticas se capacitaba. Hay colgados en su cuarto de habitación una gran de certificados de asistencia como participante a seminarios, cursos, diplomados y charlas acerca de la actividad deportiva.
Con la laureada monografía “El reglamento del fútbol y los valores en el desarrollo psicosocial del niño futbolista antioqueño en el juego limpio”, obtuvo el título de técnico de fútbol el comunicador social y periodista Roosevelt Castro Bohórquez.
“Más que una monografía es una propuesta reestructurada de un arbitraje didáctico y de fortalecimiento en valores que realizo con los niños del fútbol antioqueño”, explicó el socio de número de la agremiación periodística.
En el Auditorio de Indeportes Antioquia, 57 estudiantes obtuvieron el cartón que los acredita como estrategas del fútbol. “”Fue una capacitación de casi tres años gracias al convenio Liga Antioqueña de Fútbol-Indeportes Antioquia”, comentó el llamado “Juez de los valores”.
“Desde hace rato vengo promulgando ese mensaje de paz, convivencia y tolerancia en el fútbol que me ha llevado a varias esferas académicas como la Cumbre Mundial de Paz y al III Congreso de Comunicación Social para la Paz, la primera organizada por la ONG Pacifistas sin Fronteras y el segundo por la Universidad de Santo Tomás, ambos eventos en Bogotá”, recalcó el diplomado en comunicación deportiva de la UPB.
Por eso su contribución al juego limpio no fue la excepción con su monografía. “Es una pequeña contribución con el fútbol desde los valores y está articulada al Plan de Desarrollo Departamental “Antioquia La Más Educada”. De otro lado aprovecho para agradecer a Indeportes y a la Liga por esta fenomenal capacitación”, concluyó agradecido “el comunicador de la paz”.

“sueños, goles y valores”



Roosevelt sigue reinventándose. Articulado a su novedosa propuesta arbitral den su componenente didáctico y en valores, ahora le dio por realizar un festival de fútbol para niños que lo ha denominado “Festival de sueños, goles y valores”. Con dineros del Presupuesto Participativo destinado para la comuna 11 de Medellín, el comunicador Castro Bohórquez propuso la realización de este Festival. “ A los niños se les entregará no sólo los implementos propios para la práctica de su deporte, sino también una serie de charlas en donde se les inculcarán los valores a los niños y a sus cuerpos técnicos, lo mismo que a sus familiares e hinchas de los equipos”, plantea el también técnico de profesión.

Pero no solo van a realizarles charlas a todos los grupos de familiares, amigos, jugadores, cuerpos técnicos de los equipos, también el nombre de cada onceno tendrá el de un valor y todos los integrantes deberán trabajar para realizar acciones que tengan que ver con el valor que les tocó representar.
“Es otra apuesta a la convivencia para que los niños le hagan un gol a la violencia”, señala Roosevelt.
Los reconocimientos

Y los reconocimientos no se hicieron esperar. No es gratuito para Roosevelt Castro Bohórquez, la mención de honor y el segundo lugar del “Premio Shofar, Es Tiempo de Paz” para el “Comunicador de la Paz”. Otorgada por la Corporación Para la Formación Integral y el Liderazgo (CORFOLIDER), una fundación cristiana que pretende ir al rescate de los valores humanos y que cada año estimula a las personas que permiten la construcción de un país mejor. CORFOLIDER premió a Castro Bohórquez por su

invaluable labor en la pacificación del departamento Antioquia, en este caso en la actividad deportiva, en especial la del fútbol, por si incesante preocupación de la violencia en el Atanasio Girardot y la aparición de ese fenómeno de las “Barras Bravas” en nuestra ciudad.

La ceremonia de premiación realizada en el Teatro Metropolitano de Medellín a fines del mes de octubre de 2004 y ante la presencia de más de 300 espectadores, permitió al jurado calificador reconocer a Sonia Vásquez con el primer puesto y a Roosevelt en la segunda posición, por encima de gente muy avezada en todo lo inherente a los procesos comunicativos como el periodista de TeleMedellín Luís Alirio Calle; el ex decano de la facultad de Comunicaciones de la Universidad Pontificia Bolivariana y ex secretario de Cultura Ciudadana, Jorge Alberto Velásquez; al también decano de ese mismo centro universitario y columnista Luís Guillermo “memo” Ángel, entre otros.

Tampoco le es gratuito, y muy a su pesar; el reconocimiento y nominación al premio “Excelencia Periodística CIPA-2004” en la categoría “A una Vida”, pues son muchos los años dedicados al periodismo, en especial al deportivo. Y cuando decimos que muy a su pesar nos referimos a que cuando recibió la nominación lo primero que dijo entre risas y bromas: “Parece que ya me empezaron a jubilar, sin ni siquiera empezar a ejercer mis locuras”.

La misma agremiación periodística del Circulo de Comunicadores Sociales y Periodistas de Antioquia (CIPA), le otorgó la Mención de Honor al “Premio Excelencia Periodística CIPA -2010” por el “mejor trabajo en televisión.”. El pasado 4 de agosto, en el auditorio del IDEA, el CIPA le entregó el galardón por un reportaje acerca del goleador colombiano Víctor Aristizábal. Con fotos inéditas de su niñez y su juventud e igualmente testimonios de sus primeros tutores, familiares y el mismo Aristi, HISTORIAS A LA REDONDA recreó la vida rompe redes antioqueño, en un especial que tituló “Víctor Aristizábal, sinónimo de gol”.
En el 2011 volvió a repetir este reconocimiento. Lo hizo con un especial para Caracol Radio 1080 AM. Lo tituló “Víctor Aristizábal, en cuerpo y alma” . La agremiación periodística del CIPA lo reconoció con “El Premio CIPA a la Excelencia Periodística

Sí que menos le es gratuito a Roosevelt “La Orden Cívica COLIMA”, otorgada por la Corporación de Lideres de Medellín y Antioquia (COLIMA), una entidad deportiva, Cultural y ecológica, sin animo de lucro, fundada hace más de 25 años con el fin de ir al rescate de los valores humanos, el plan del “Buen Vecino” y, además, de la sana recreación a través del torneo de fútbol sub-15 de más tradición en Antioquia, por más de 20 años.

COLIMA ha reconocido a Castro Bohórquez y su grupo de colaboradores, con la mencionada “Orden Cívica”, en las “Categorías Socio Honorario Iniciado, Caballero y Gladiador”, por su tarea en la promoción y sensibilización de los aficionados al fútbol a través de proyectos radiales como “El Preliminar..por humor al deporte ” o de televisión por cable llamados “La Pelotera Deportiva” e “ Historias a la Redonda”. Además, “porque con su creativo y audaz periodismo se ha comprometido con los valores de la civilidad y el colombianismo”, como lo expresa la resolución número 24, emanada por la entidad en mención.

Otro reconocimiento a su trabajo es la postulación que le hicieron para “EL COLOMBIANO ejemplar- 2008”. En la categoría deportes pusieron a consideración del jurado el trabajo de Roosevelt Castro, por su arbitraje didáctico y de fortalecimiento en valores a los niños futbolistas antioqueños, que ha realizado por más de 17 años en la Liga Antioqueña de Balompié. Igualmente, por su campaña “TARJETA ROJA a la violencia”, en pro de la paz y la convivencia en el fútbol. “Me sentí muy halagado por esta postulación que me hicieron. No pensé que mis pequeños gestos de paz y amor tuvieran tanto alcance. Les agradezco a los que han creído en lo que humildemente hacemos”, manifestó Roosevelt con la voz entrecortada.

Igualmente, no sigue siendo gratuito “El pito de oro” otorgado a Roosevelt, por el ex árbitro veterano Rubén Darío Gómez y su microempresa “La Bolsa del Reloj”, por su arbitraje didáctico y de fortalecimiento en valores a los niños futbolistas antioqueños, que ha realizado por más de 20 años en la Liga Antioqueña de Balompié .

Así mismo, lo es la “Moción de Reconocimiento y felicitación” otorgada, en el año 2002, por la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia por su labor cívica en el campo del periodismo deportivo en la promoción del “juego limpio” en el fútbol profesional y aficionado de nuestro departamento, a través de diferentes espacios en el dial “paisa”.

En el 2001 se llevó el “Estimulo Talento Estudiantil” entregado por la misma Facultad del Alma Mater.

Piensa crear una Fundación para ayudar económica y psicológicamente a muchos “Olvidados del deporte” como directores técnicos, jugadores, periodistas y muchos más de los que ha llamado, con cierto tino, como “Héroes anónimos” , esos que se desgastan psíquica, anímica y económicamente por el deporte aficionado y no tienen un reconocimiento a su importante labor, después de darlo todo con mucho amor y de una manera desinteresada.

“El periodismo no es un circo para exhibirse, si no un instrumento para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta”. Esta frase extractada del escritor y periodista argentino Tomás Eloy Martínez, para sus tarjetas de grados como comunicador social y periodista que le otorgó, en el 2003, la Universidad de Antioquia, lo retratan como un hombre sensible y comprometido con su profesión.

Todas estas acciones en beneficio de la paz y la sana convivencia en el contexto del fútbol, lo llevaron a la “Cumbre Mundial de Paz-Bogotá 2009”. Allí moderó el diálogo pacifista “Barristas no terroristas” y estuvo en la Muestra Audiovisual de Medios Alternativos para la paz, por invitación del Colectivo Xangó y la ONG internacional “Pacifistas Sin Fronteras”.

 Es por  todo eso y por  último que  cree firmemente  en que la razón de ser de su profesión estriba en el beneficio a los demás. “Yo pienso que lo más importante del periodismo es ayudar a que la gente sea mejor. Cambiar los lenguajes de agresividad, violencia y estrés que se mueven en la actividad deportiva por otros como el amor, la convivencia, la tolerancia y el respeto. Además, el deporte libera el espíritu y así hay que disfrutarlo, por ello no es necesaria  la  violencia”, concluyó Castro.