sábado, 11 de noviembre de 2017

Roldán, un juez de pasiones


Por: Roosevelt Castro B.
Su primer partido no fue noticia en ningún noticiero o periódico, solo  un reto con su profesora María Patricia Restrepo Rodas, en la Escuela Urbana de Varones de Remedios. Ella sancionó un penalti. Él, quien jugaba como portero,  le dijo que no fue. Ella replicó preguntándole que si era árbitro de fútbol. Él le dijo que sí y con un caja de chicles de menta y  un envoltura de un Bon bon bum empezó a darle rienda a su sueño arbitral. 
Así,  desde los 12 años, el amalfitano  Wilmar Alexander Roldán Pérez empezó a acumular decibeles de gritos de hinchas  furiosos que le recuerdan a su ser querido.
Su primer clásico
La cita con el juzgamiento futbolístico ya estaba pactada. Los tiquetes aéreos no le llegaron.  Cuatro días antes le habían anunciado que  sería el juez central en un clásico antioqueño entre Verdes y Rojos, acordado para el sábado 23 de febrero de 2008.  Era su primera vez como árbitro entre los archirrivales paisas.
Un mes antes había cumplido los 28 años de edad y cinco como central al servicio de la División Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor. El llamado “Castrilli del Nordeste Antioqueño” estrenaba su gafete  FIFA.  
Los fieles escuderos en esta cita con el odio y la vocinglería fueron Wilson Berrio y Daniel Pérez, ambos de las Fuerzas Armadas. Quizás blindándolo de los madrazos y los insultos en que prorrumpían los más de los 30.055 hinchas que asistieron al Estadio Atanasio Girardot, en la noche fría sabatina.
Los rivales de plaza llegaban a su juego  número 251 desde que iniciaron este duelo del Rentado Colombiano a finales de 1948, en la Cancha de San Fernando, bajo la conducción arbitral de Guillermo Acuña. 
Dice  Eduardo  Galeano, en su libro “Fútbol a Sol y Sombra”, que el árbitro es arbitrario es decir caprichoso. De igual forma asevera el escritor y periodista uruguayo que: “los perdedores pierden por el él y los ganadores triunfan a pesar de él”. 
Así lo pensaron los hinchas del Atlético Nacional y el Deportivo Independiente Medellín, cuando se enteraron que para su choque futbolístico lo pitaría el hijo de Luz Amparo.

Al Derby paisa había llegado sin tanta ansiedad y noches de insomnio  como los tuvo cuando debutó como profesional del pito. Fue un día 16 de febrero de  2003, cuando le anunciaron que pitaría su primer encuentro como profesional, en un partido entre Millonarios y Caldas, en Bogotá. Un lacónico cero a cero selló en el marcador final del partido. Wilmar, lo asumió con la misma humildad como digiere sus alimentos, en especial las sopas de verduras que les prepara su hermana Sandra, una acuciosa trabajadora de las confecciones, en Leonisa. Claro está que se la pasó casi tres días desvelado, por culpa de tan tremenda responsabilidad. Además, fue un partido de bienvenida y de despedida. Sí, ese día Wilmar recibía la alternativa y su escarapela de Juez Dimayor  y se despedía un histórico del pito antioqueño y colombiano: Jorge Luís Arango Cardona, como asistente arbitral.
8.15 p.m., horario atípico para el encuentro futbolero. La terna arbitral comandada por el Tecnólogo en Educación Física  del Politécnico Jaime Isaza Cadavid salió al terreno de juego del “Coloso de la 74” sin hinchas, ni dolientes, quizás su querida madre lo acompañó en sus oraciones a la Virgen de los Remedios, patrona de su  pueblo.
Un camerino estrecho y maloliente los separaba de tremenda misión. La bulla  y los insultantes gritos no lo amilanaron.  El sonido gangoso del speaker del Estadio anunciaba las alineaciones del partido, en cumplimento de la quinta fecha de Liga Mustang I-2008.
“Atlético Nacional saltará al Atanasio Girardot con David Ospina en la portería; cuarteto posterior con Camilo Zúñiga, Humberto Mendoza, Walter Moreno y Estiven Vélez; medio campo para José Amaya, Diego Toro, Víctor Ibarbo y David Córdoba. Adelante  estarán  Camelo Valencia y Sergio Galván Rey”, anunciaba Carlos Gilberto Giraldo, periodista deportivo y speaker del Atanasio.
Cada jugador era coreado por la recalcitrante barra de Los Sureños, quienes no pudieron asistir con la parafernalia festiva que cada fecha y cada fin de semana para animar al equipo y amilanar al contrario y a los jueces.   “Son los hinchas en el manicomio”, como lo expresa el escritor Charrúa Eduardo Galeano.
Los Verdolagas, orientados por el argentino Óscar Héctor Quintabani, fungían como dobles campeones en la temporada anterior y llegaban  en una posición incómoda en la tabla: ocupaban la casilla 14 con 3 puntos producto de una victoria en cuatro salidas.
Por su parte, los Escarlatas, dirigidos por Juan José Peláez Naranjo,  venían invictos con 12 puntos y cuatro partidos ganados. El once inicial del Medellín lo conformó el uruguayo Aldo Bobadilla en la portería; Elkin Calle, Andrés Ortiz, Bélmer Aguilar, Jamell Ramos en la defensa; Juan Esteban Ortiz, Danilson Córdoba, Jaime Castillón y Omar Pérez, en el medio campo; y  Ayron del Valle y Jackson Martínez en la delantera.
Un ritual similar hacían los hinchas  de la Rexixtenxia Norte quienes llevaron los trapos, las banderas y la murga para animar a sus ídolos  rojos.
Luego de los himnos de Colombia y Antioquia  se dio inicio al primero de los ocho clásicos montañeros que ha dirigido Roldan Pérez, en el fútbol profesional colombiano.
El roce, el choque y el fragor  del partido unidos a la ardentía en la disputa del balón  descomponen a los hinchas  que insultan al central para que piten las faltas a favor del equipo de sus amores.
Mendoza, Vélez, Amaya y Toro, por Nacional y Ramos, Juan Esteban Ortiz, Córdoba, Pérez,  del Valle y Martínez por el DIM, recibieron el cartón amarillo que los obligó al arrepentimiento y Walter Moreno es condenado con el rojo.
Un disparo de media distancia del apartadoseño Camilo Zúñiga, en el minuto 84, vulneró la red del Uruguayo Bobadilla  y puso a ganar por partida doble al  cuadro Verde: los tres puntos disputados y los cerca de 334 millones en la taquilla. 
El orgasmo del fútbol cubrió de éxtasis la fanaticada nacionalista, que no se cansó de seguir gritando “FIFA HP “ al gestor formativo de la acción  “Deporte y Convivencia”, del Inder-Medellín.
Parece paradójico que un árbitro asuma el roll para pacificar aficionados al fútbol,  en las charlas  de sensibilización que realiza en los colegios y escuelas de Medellín, en lo que antes se llamó “Hinchas por la paz”  cuando en las tribunas atestadas de los mismos anónimos estudiantes  se convierten en fanáticos  que  rugen  y  lo llenan de improperios.
La inteligencia emocional le ha servido como fórmula secreta al juez antioqueño y presidente de la Corporación Arbitral Social y Deportiva de Antioquia, CASDA,  para “desconectarse” de tanto insulto. “Tenemos que tener la mamá de caucho, para que reboten los insultos”, comenta jocosamente el esposo amoroso de Lorena Fernández y padre de Mariana.
Luego de casi una década y media en esta profesión y con más de 140 partidos al servicio de la Dimayor, el habitante del barrio Guayabal, en Medellín,  recuerda como en el torneo promocional de la Primera B del 2006, su arbitraje se convirtió en problema de orden público. Las pasiones desaforadas de los hinchas locales del Tulúa las emprendieron contra la terna al verse impotentes de no poder llegar a la final del torneo, ya que habían perdido con Valledupar y un empate en Tulúa sentenció al local, no poder acceder la disputa del ascenso a la máxima categoría. 
Es que desde hace rato el polideportivo y bachiller del colegio Ignacio Yépez Yépez, de Remedios, Antioquia,  viene haciendo un arbitraje de gran altura y  de mucho peso; no sólo por su 1.90 de estatura,  ni por sus  82 kilos, sino por sus buenas calificaciones a la hora de acometer la dura tarea del manejo del pito y las tarjetas.
“Ganamos güevón, así esa gonorsofia de Roldán nos haya expulsado a Moreno”, dijo Sebastián Sánchez, estudiante de la Institución Fe y Alegría de Manrique y habitante del barrio La Cima un sureño. Sánchez,  agitando una bandera verde y blanca y portando una camiseta con la imagen de Andrés Escobar, un eximio jugador  del verde asesinado vilmente el 2 de julio  de 2004, celebró la “parada en seco” que le dio el equipo de sus amores a su rival de plaza.
El debut  como FIFA de Roldán Pérez fue auspicioso, a pesar de no contar con la sintonía, en la pantalla chica, de la hincha más fiel: su madre, todo porque el partido fue transmitido por señal cerrada. Doña Luz, una mujer novelera, no porque se entrometiera en los hogares ajenos, sino porque le gustaban las telenovelas, anhelaba que alguno de sus hijos o hijas protagonizaran alguna ó saliera en la televisión.  Con las frecuentes salidas, ahora doña Luz Amparo saca pecho y le envía sus bendiciones.
Mientras Roldán terminaba sus menesteres arbitrales, el planeta recibía noticias como la renuncia de Fidel Castro a la presidencia de Cuba luego de 49 años en el poder. De igual forma, el deporte colombiano de los clavados celebraba la clasificación a los Juegos Olímpicos de los saltadores paisas Diana Isabel  Pineda Zuleta, Juan Guillermo Urán Salazar y por primera vez  para Víctor Hugo Ortega Serna. Del mismo modo,  el país político se informaba de la muerte del ex líder guerrillero  y ex militante del EPL, Bernardo Gutiérrez,  en Roma, víctima de un cáncer.  

 …  y el mundo, como un balón de fútbol,  seguirá rodando sin tiempo para detenerse. 

“Tenemos la mamá de caucho”



“Su trabajo consiste en hacerse odiar. Única unanimidad del fútbol: todos lo odian. Lo silban siempre, jamás lo aplauden.. Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias. Los hinchas tendrían que inventarlo si él no existiera. Cuánto más lo odian, más lo necesitan”
(El árbitro – “Fútbol a sol y sombra”-Eduardo Galeano)

Por: Roosevelt Castro B.
“Debutante hijuep…”, “primíparo de mierda”. Así fue el recibimiento al árbitro antioqueño Óscar Javier Gómez Flórez de los casi 10.000 aficionados que asistieron al Estadio La Libertad,  para ver el partido entre Deportivo Pasto y Deportes Quindío.
Ocurrió el 27 de julio de 2013. Se cumplía la primera fecha de la Liga  del Fútbol Profesional Colombiano.  Cuatro días antes, el hijo de Óscar, obrero de la construcción, y de Ana Lucia, ama de casa, recibía la noticia: debutaba como profesional del pito.
Cerca de 20 llamadas  perdidas en su celular no lo inquietaron.  “El médico Carlos Alberto Betancurt, instructor de Arbiantioquia, me llamó insistentemente. Yo  estaba en El Peñol y pensé que era para que le diera un informe de la semifinal del Intermunicipal que había pitado, pero no. Él me dio largas en el asunto y luego me notificó que había sido designado como central de ese partido”, recuerda el juez paisa nacido en Medellín, el 5 de octubre de 1983.
Las lágrimas no se hicieron esperar. “Lloré de la emoción por casi una hora. Recordé mis inicios, mis dificultades  y todo el esfuerzo que hice durante casi 17 años para que este sueño se hiciera realidad y haberlo logrado me emocionó mucho”, evoca el esposo amoroso de Ana María Orrego Estrada.
Lo primero que hizo fue llamar a su familia, ritual que repite cada vez que es designado como juez. Sus padres lo felicitaron, muy a pesar que al principio no “patrocinaron mi decisión de meterme al mundo del arbitraje”, rememora el tecnólogo en entrenamiento deportivo del Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, y estudiante de Licenciatura en Educación Física de la Universidad Católica de Oriente.
Sus inicios con el uso del pito y las tarjetas se remontan a 1998.   La historia es recurrente: el árbitro no asiste a cumplir con sus deberes. Óscar, como kamikaze del pito,  aceptó el reto de su profesor Wilson Flórez. Era un partido amistoso en el barrio Córdoba, de Medellín.  Los oncenos de Unión Cristiano y el local estaban listos y allí  comenzó su historia arbitral.
El amanecer del jueves 25 de julio de 2013 lo cogió sin dormir. Quería saber si era verdad tanta dicha. Se pellizcaba. Miraba al teléfono para reconfirmar su designación. Andaba de acá para allá en su casa de habitación ubicada en el barrio Manrique. Para no mostrar tanta ansiedad llamó media hora después de lo habitual, al representante de la Comisión Nacional Arbitral.
“Yo llamé a las 10:30 am  a Emerson Grajales y me confirmó la designación y volví a llorar”,  recuerda el juez miembro de la Corporación  Arbitral, Social y Deportiva de Antioquia, CASDA

El debut: 90 minutos de insultos
La fría noche sabatina no impidió que el árbitro antioqueño sintiera ese “cosquilleo” en todo su cuerpo.
El asistente FIFA, Wilmar Navarro, y el antioqueño John Freddy Gómez Flores, también debutante, lo acompañaron como asistentes arbitrales. El cuarto árbitro fue el local Jonathan Ortiz.
Muchos consejos, muchas llamadas, mucha tensión,  fueron algunos de los ingredientes que se sumaron al debutante del pito.
El estrecho camerino que da acceso al máximo escenario del fútbol nariñense fue recorrido entre risas nerviosas y las últimas indicaciones del árbitro paisa.
“Shiiiiiiifffffffff”, fue el primer sonido estridente que salió de las tribunas, al asomar la terna al terreno de juego nariñense.
Era como una jauría de lobos que querían devorarse el de negro y representante de las leyes de juego en el fútbol.
“Deportivo Pasto formará con Lucero Álvarez, como portero, en la línea defensiva con Marlon Pedrahita, Camilo Pérez, Nicolás Palacios y Fausto Obeso; en la mitad de la cancha los dirigidos por Flavio Torres estarán Fram Pacheco, René Rosero y John J. Montaño, los delanteros serán Andrés Mosquera, Juan G. Vélez y Mauricio Mina”, manifestaban los locutores deportivos de las diferentes emisoras.
Los  Cuyabros, orientados por Arturo Boyacá, saltaron al estadio La Libertad con Julián Viáfara en la portería; Cristian Peña, Jaine Barreiro, William Tesillo y Wilmer Palacio en la defensa; Hernando Patiño, Alfredo González y Luis Alejandro Paz en el medio campo y Jairo Roy Castillo Jorge Vargas en la delantera.
Piensa en su familia, mira a la tribuna, mira el oscuro cielo pastuso, escucha nerviosamente los himnos, Se persigna y da su silbatazo inicial.
 Trece mil miradas lo miran de cerca. Otros tantos lo hacen a distancia por sus televisores. Todos pendientes de sus movimientos.
Los roces van y vienen. Oscar interpreta las 17 leyes de juego. El público ruge y grita desaforado hasta que en el minuto 27 del primer tiempo, el delantero local  Mauricio Mina dispara y vence la portería de Viáfara. Gol que hace reventar el estadio para alegría de los locales.
El partido se pone intenso. Falta de Hernando “El Cocho” Molina al local Mina. Los espectadores prorrumpen a Gómez Flórez: “Árbitro hijo de puta  saca la amarilla”. Ese sería su primer cartón de amonestación como árbitro.
 Las jugadas van y vienen  y Lucero Álvarez, arquero  del onceno pastuso, se erige como figura. “Juez de línea ladón, levantá ese banderín”, exclaman airados los hinchas locales.   
La tensión continúa. Son 90 minutos ó 5.400 segundos de insultos permanentes. El tiempo transcurre en cámara lenta para el árbitro y eso que  Óscar está acostumbrado por sus seis años como juez de la Primera B.
“El pánico escénico sigue latente a pesar de los años, pero yo lo mitigo, y en ese debut lo mitigué, porque pité muchos partidos, especialmente al América en el Pascual Guerrero con más de 25 mil aficionados gritándome de todo. Nosotros, los árbitros, tenemos la mamá de caucho, para que nos rebote todos los insultos”, asevera el juez con cerca de 18 años de experiencia.
“ ¿Cuánto vas a pitar? ¡Te dieron mucho billete debutante malnacido”, son las  algunas de las voces que retumban en los oídos del juez central.
El partido llega a su fin. Saludos de los locales al juez por haber ganado, los visitantes con desazón por su derrota.
Oscar y su grupo de trabajo llegan al camerino. Con una risa nerviosa, Gómez Flórez se refugia en el baño. “Volví a llorar por casi diez minuto hasta que Navarro se me acercó y me dijo: Dale, hágalo, que usted se merece este premio porque ya es de los nuestros”.
El balón de partido fue un obsequio de Flavio Torres, técnico local,  como regalo a su buen arbitraje. “Aún lo conservo  con mucho cariño, lo mismo que la planilla del partido”, recuerda el formador  de niños,  en la Escuela de Unidos Fútbol Club.
Al otro día busca los diarios locales y le satisface la calificación que le dio el corresponsal del periódico El Tiempo. El periodista Ramiro Rosero Arteaga le puso una nota final de 8, en un trabajo que resultó impecable.

Ya,  con cerca de 50 designaciones como central y  más de 100 como asistente, sueña con obtener la escarapela FIFA. “Si Dios me la da muy bueno para mi carrera arbitral. Es que sería hasta curioso y gracioso que lo insulten a uno en otros idiomas”, concluye entre risas  el que es “coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias”, como lo expresa el escritor charrúa Eduardo Galeano. 

De la curiosidad al aguante (Evolución de las barras del fútbol en Medellìn)


Cada domingo, en cualquier rincón del planeta, en los grandes estadio de las metrópolis o en los humildes campos abiertos de las aldeas, en las lustrosas canchas de pastos relucientes o en  los pelados poteros  de las barriadas, multitudes incontables, y a veces incontrolables, se arremolinan en torno  a esa ceremonia ritual y explosiva que es el fútbol”
(“El Fútbol es todo un simbolismo sexual- Juan Gossain)

Por: Roosevelt Castro B.

Cuando mi abuela materna María Elena Penagos, una octogenaria  de Anolaima, Cundinamarca,  definía el fútbol, no era muy profunda.  Sólo decía  que eran “ventidos piernipeludos” detrás de un balón dándole patadas y un loquito vestido de negro con un pito tratando de recuperarlo”. 
Cualquier hincha de este deporte se llevaría las manos a la cabeza. El fútbol, argumentaría, va más allá de ese simple gesto de patear un balón.  Diría que es arte, es poesía, es rito, es ceremonia. De igual forma,  es pasión, amor, odio, exaltación como algunos  sentimientos que desatan  y hacen  vibrar al hincha.
Es que el fútbol desata todo tipo de pasiones en sus seguidores, que son diferenciales al que acude a un concierto de música clásica, a un museo o a otro tipo de espectáculo. A diferencia de los anteriores, este es más bullicioso e incluso más pasional, especialmente cuando se inserta o adscribe a una barra y se convierte en anónimo si es solo él pero, en lo que llamaría el ensayista y pensador  francés Gustave Le Bon, como alma colectiva.
El seguidor de fútbol   necesita de otros  para reafirmarse e identificarse plenamente con sus símbolos.   Se trata de un sentimiento tribal que cohesiona frente al enemigo y que alimenta instintos territoriales y de lucha. Como diría la filosofía popular: “No somos machos, pero somos muchos”.
¿Pero siempre fue así?.  Aquí plantearemos como evolucionó el hincha de fútbol en Medellín, pasado de la curiosidad sana y sin aspavientos hasta el paroxismo barrista de los últimos años.
Los pañales del aguante paisa

Cuenta el historiador antioqueño Rodrigo de Jesús García Estrada, en su Breve historia del fútbol  en Medellín,  que: la práctica de los deportes en nuestra ciudad surge directamente ligada a los procesos de modernización acelerada experimentados durante las tres primeras décadas del siglo pasado.
Estos procesos tuvieron su expresión más palpable en el incremento inusitado de las áreas urbanizadas, las apariciones de modernas industrias, el auge de la exportación cafetera y las cada vez más estrechas relaciones del comercio medellinense con estados Unidos y Europa.
 En este contexto aparecen  los deportes, rompiendo con una dinámica que se había perpetuado por centurias. Primero fueron el tenis y el golf y posteriormente el fútbol y el baloncesto, como uso exclusivo de la elite de la capital del departamento de Antioquia.
Por eso cuando el rico comerciante antioqueño Guillermo Moreno trajo el primer balón de fútbol a Medellín, en un viaje realizado al Viejo Continente,   lejos imaginaría que una lúdica rural cambiaria por una más citadina.
Hasta aquí García Estrada.  Allí estaba, aunque no lo presentían sus impulsores, el germen de una pasión para muchos y la profesión para otros: El fútbol.
El primer equipo fue el Sporting Foot-Ball Club, organizado por el año de 1912 por dos comerciantes suizos: Juan Heiniger y Jorge Herzig.  Después surgió el Medellín Fútbol Club.
Los primeros  hinchas eran más bien curiosos del novedoso deporte.  Familiares y amigos de los deportistas veían, con asombro, como esta Villa semicolonial  socializaba con esta nueva expresión deportiva, mientras  se tomaban un  té y hablaban y reían a carcajadas de cualquier imprevisto que ocurriera en la Manga de Los Belgas, lugar donde hoy funciona el Hospital San Vicente de Paul.
Los obreros de las nacientes industrias medellinenses  también veían con cierta curiosidad, como muchos de los  futbolistas, hijos de la élite antioqueña, daban rienda al deporte de sus amores. 
Muchos de ellos también lo jugaron en la cancha privada de Miraflores  del Colegio San Ignacio, ubicada en el sector oriental de Medellín.
Década movida

De un momento a otro, el balón saltó la barda y fue a caer a la barriada. Los obreros sin los implementos necesarios pero con mucha pasión empezaron a pegarle a la pelota, siendo observados por sus  compañeros de barrio o sus amigos del barrio.
Afirma el periodista e historiador deportivo   Carlos Emilio Serna Serna que. “la década de los 20 a los 30 fue una de las más movidas del fútbol medellinense. Los partidos eran unos verdaderos carnavales en  las pequeñas lomitas, que servían de tribunas  a los alentadores.
Fue tanto el auge del fútbol, que finalizando la década ya habían construido el primer estadio, que se llamó  Los Libertadores.  Estaba ubicado en el sector de lo que hoy es el barrio San Joaquín y fue inaugurado el 24 de febrero de 1929 con el partido Associattion del Perú contra el ABC Medellín, con la asistencia de casi ocho mil espectadores.  El marcador final fue 9 goles a 0 a favor de los visitantes.
Y fue el 26 de octubre de ese año que se fundó la Federación Antioqueña de Fútbol, conocida como la rectora del balompié aficionado antioqueño.
Se suman más simpatizantes
Medellín crecía a pasos agigantados. De la Villa Semicolonial  a ciudad que se asomaba al mundo con garbo y elegancia.
Los seguidores del fútbol  exponencialmente también aumentaban. Ya no eran los acompañantes curiosos del barrio equipo del barrio o de las fábricas. Los intercambios interdepartamentales de selecciones vinieron con los hinchas  de los jugadores, que eran convocados a defender los colores blanco y verde de Antioquia.  Ya los unía otra pasión: la de la selección Antioquia.
Génesis de la violencia
De la violencia en el fútbol, Medellín no se escapa.  Cuenta la historia que el 9 de julio de 1944, la Federación Antioqueña de Fútbol  programó un partido en el Estadio Los Libertadores, entre el Medellín y el Huracán.  Habia una entrada de 3.000 espectadores para un recaudo en taquilla $ 18, 000, oo.
Huracán le quería darle los puntos al Medellín, ya que matemáticamente  era el virtual campeón. Igualmente, quería jugar con suplentes. Medellín no aceptó.  Francisco Cuartas, presidente de la Fedefútbol, intervino en el impasse, pero no pudo.  
El público se impacientó. Cuartas se llevó el dinero por miedo a desmanes.  Los hinchas  se sintieron burlados, pues no les devolvieron su dinero y no les presentaron el partido, a lo que empezaron a vociferar y a lanzar papeles prendidos y como las tribunas eran de madera el fuego fue tomando fuerza. 
Luego se llamó la policía que fue recibida a punta de sillas de madera lanzadas por los enardecidos espectadores.  El contingente de seguridad, comandado por el capitán Ortega,  se defendía.  Ortega, borracho, mandó disparar al público. El saldo final: cinco muertos, dos de ellos futbolistas del Medellín, y 15 heridos.
Atlético Municipal y el Medellín captan seguidores

Con la aparición del fútbol profesional  en 1948, el país futbolero se transformó.  Medellín no fue la excepción. Los oncenos de Atlético Municipal y  Medellín empezaron su senda por los estadios  de Colombia.
El Estadio San Fernando,  ubicado en donde hoy funciona la Plaza Mayorista, era  visitado por los hinchas ávidos de ver un espectáculo mejor.
Familias enteras y grupos enormes de amigos  asistían a cada jornada dominical para ver  no solo el choque futbolero, sino también apostar en el hipódromo sanfernandino.
Cinco años después, el 19 de marzo fue inaugurado el estadio Atanasio Girardot. La megaobra había sido proyectada con varios años de lucha incesante  para su construcción.  El terreno tuvo un costo de 800 mil pesos y su construcción costó más de 15 millones de pesos. En ella participaron cientos de obreros y 200 presos de la cárcel La Ladera.
El sector de Otrabanda fue el elegido para la construcción de este anhelo futbolero de miles de hinchas que gritaban al equipo de sus afectos.
Los procesos de industrialización de las tres primeras décadas que vivió Medellín  y la naciente urbanización ameritaban un escenario deportivo para la ciudad.
Comienza la fiesta

Ramón Ospina, en el partido preliminar entre Antioquia y el América de Cali, convirtió el primer gol,  para la alegría de muchos de los seguidores que se agolparon para la inauguración del máximo escenario del fútbol antioqueño y que bautizaron en honor a Atanasio Girardot, muerto heroicamente en el Bárbula, quizás  presagiando las grandes batallas futbolísticas que iban a tener los equipos anfitriones de Antioquia.
La jornada de inauguración se completó con un cuadrangular de fútbol profesional disputado entre el Atlético Nacional, el Deportivo Cali, la Alianza Lima de Perú y el Fluminense de Brasil.  El primer gol profesional fue marcado por Jaime Manco Gutiérrez, jugador del Atlético Nacional, al equipo Alianza Lima.
Cuentan que ese día se entregaron mil 500 entradas gratuitas para los jóvenes de los barrios más pobres de la ciudad, para que pudieran participar en el acto de inauguración. “Desde ese día hay revendedores de boletas”, comenta jocosamente Carlos Emilio Serna Serna, en su libro “1929-1989- 60 años Fedefútbol Antioquia”.
El pollo asado, la gaseosa,  las arepas, eran algunas de las viandas que consumían los asistentes al máximo escenario del fútbol paisa. 
“Era una fiesta que se vivía en familia” , recuerda  Rubén Darío Elejalde,  hincha irreductible del Deportivo Independiente Medellín.  “Mi padre Evodio me llevó a un partido contra el Tolima en 1960  y quedé maravillado con el juego”, señaló el habitante del barrio La floresta de Medellín.
Ese ritual familiar del hincha rojo  era muy similar al del rival de plaza.  “Asistíamos entre amigos. No había peleas. Cuando terminaba un partido e incluso un clásico, nos sentábamos con los hinchas contrarios a tomarnos unos aguardientes en las carretillas que habían en los alrededores del Estadio”, cuenta el rionegrero Guillermo Otalvaro, hincha de Atlético Nacional.
Crece la hinchada

Los títulos de en el siglo pasado de Deportivo Independiente Medellín en 1955 y 1957 y de Atlético Nacional en 1954, 1976, 1981, 1991, 1994, 1999 hacen crecer los seguidores de ambos bandos con unas características muy marcadas.
Gilberto Pulgarin, un acérrimo seguidor escarlata,  crea la primera barra organizada de la región a principios de 1972.  “Poderosos del DIM” se llamó el grupo de amigos que se reunieron a alentar al DIM en la tribuna lateral norte.
“Ellos, al igual que nosotros, queríamos que el Medellín se quedara en nuestra ciudad, luego de su paso a Barrancabermeja el año anterior  como Oro Negro”, evoca Ruben Elejalde, socio fundador de la barra  “La Danza del  Sol”, fundada el 11 de junio de 1972.
“Nosotros siempre nos ubicamos en popular centro ahora llamada oriental baja y para el 2017 estaremos cumpliendo 45 años de seguir a cada jornada a nuestro DIM, siendo la barra más antigua  del fútbol en Medellín”,  rememora Elejalde.
Fue la barra pionera en la trashumancia de hinchas.  “Vendíamos los tiquetes para acompañar al equipo.  Recuerdo que el primer viaje  fue a Pereira  y con ellos empatamos 0-0. Fuimos a Cali, Ibagué, Manizales, Armenia, pero problemas de orden público no lo volvimos a hacer desde hace 8 años”, evoca Ruben Darío Elejalde, tecnólogo industrial del Politécnico Jaime Isaza Cadavid.
Cuatro años después desaparece los “poderosos del DIM” pero emergen grupos de seguidores. El Escuadrón Rojo, La Puteria Roja, Barra Kid Chance, La Llave Roja,  entre otras barras fueron surgiendo para darle aliento al llamado “Equipo del Pueblo”

Los seguidores Verdes no se quedan atrás.  “Recuerdo que una de las primeras barras de Nacional fue la Academia Verde creada por Héctor Gómez, el popular Radiolo. Se hacían en la tribuna oriental. Nosotros, con unos amigos del barrio Buenos Aires y compañeros de trabajo de Coltejer,  fundamos la barra Comando Tribuna Verde y empezamos a alentar al equipo en popular centro ”,  afirma Guillermo Otalvaro, hincha verde   desde 1976.
Después aparecieron otras como la Oswaldo Juan Zubeldía, Escándalo Verde, entre otras.
Las barras se asocian

Con las diferentes ampliaciones que tuvo el Atanasio Girardot, como las construcciones de la tribuna oriental para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1978 y las tribunas norte y sur, por recomendación de la Confederación Suramericana de Fútbol,  para principios de la década de los 90, el aforo aumentó.  Se pasó a casi que duplicar la asistencia para llegar a casi 50 mil aficionados.
Unido a ello, los triunfos internacionales de los clubes antioqueños como la Copa Libertadores de América, la Copa Merconorte,  la Copa Interamericana, entre otros. Esto obligó a que los hinchas, con el fin de obtener una boleta, no solo se adscribieran a una barra sino que aparecieran dos entidades responsables para ser el puente entre los equipos y los grupos de seguidores. Así nació Ubanal y  Asobdim.
La Unión de Barras de Nacional, Ubanal, surge a finales de de 1989 luego del gran título continental del cuadro verde, pero es el 4 de diciembre de 1990 cuando gana su personería jurídica.  “En esto nos ayudaron mucho los periodistas Luciano González Sequea, Alonso Arcila Monsalve y el empresario Sisar Arango (q.e.p.d).  El objetivo no solo era acompañar al equipo sino comprar un jugador de primera línea para el equipo. Esto último no lo pudimos lograr”, confirma Guillermo Otalvaro.
45 grupos de seguidores del cuadro verdolaga  firmaron el acta de fundación de Ubanal.
Ante la desaparición de unas,  la aparición de otras,  sin una sede propia, con reuniones periódicas cada primer viernes del mes y  apostándole a los programas  que vienen desde la administración municipal, al mando de Federico Gutiérrez,   las 12 barras  y los casi mil seguidores que aglutina Ubanal quieren seguir aportando a la paz y la convivencia en el fútbol.
La Asociación de Barras del Deportivo Independiente Medellín, Asobdim,  es la otra entidad que surge en La Capital de Montaña para aglutinar un grupo de barras deseosas de asociarse legalmente.  17 delegados de barras compuestas por grupos familiares se reunieron un día  de 1990 para concretar la idea y no fue que hasta el 0 junio de ese que la gobernadora María Helena Herrán de Montoya firma la resolución 37413 para darle vida jurídica a la entidad sin ánimo de lucro.
Ya han transcurrido más de un cuarto de centuria y Asobdim y sus más de 7 mil asociados  contribuyen con una labor social importante en beneficio del hincha y del fútbol. “Hemos trabajado muy duro para que el hincha se sienta cómodo, bien y respaldado en el Estadio. De igual forma, que la boletería se le respete, lo mismo que su lugar en el Atanasio. Del mismo modo realizamos un torneo de niños en 3 categorías que van desde los 10 hasta los 12 años y en el que hemos contado con casi 152 equipos inscritos. Además, tenemos un Club deportivo que participa activamente en los campeonatos de la Liga Antioqueña con casi 230 niños beneficiados”, indica Jorge Hoyos, presidente de  la Asociación de Barras del Deportivo Independiente Medellín, Asobdim.
¿Barras Bravas?

El fenómeno de violencia asociado al fútbol  no es ajeno en Medellín.   En los albores de 1992 y con la creación  del Escándalo Verde, por un  grupo de jóvenes seguidores del Nacional,  y  de “La Puteria Roja”, por parte de púberes hinchas del DIM, se empezaron a generar algunos desmanes entre ellos, especialmente por su ubicación en el estadio.  Ambas barras se hacían en la tribuna oriental.
En septiembre de 1998, cansados de tanta violencia, especialmente en los clásicos regionales,  y tras varias reuniones,  los seguidores rojos  de la Puteria Roja conformaron un grupo  que se denominó Rexixtenxia Norte y escogieron la tribuna norte para alentar al equipo de sus amores.
Un año antes, y en el mes de noviembre,   había nacido el contingente juvenil de Los Del Sur.  Varios adolescentes  fanáticos del  cuadro verdolaga, adscritos al Escándalo Verde, decidieron  separarse y, en  la Urbanización Villa de Aburrá, crear la nueva barra, que empezó a animar al Club Atlético Nacional en la tribuna sur del  llamado “Coloso de la 74”.
Se han convertido en un fanatismo irracional y bárbaro que muchos las empezaron a llamar como “Barras Bravas”.
“Yo no las califico como Barras Bravas, pues tienen unas características diferentes a otras y están marcadas por nuestra idiosincrasia. Recordemos que en la época cruenta y violenta en Medellín, por parte del narcotráfico, el fútbol sirvió de bálsamo para la ciudad y le hizo una gambeta a la muerte”, asevera Gonzalo Medina Pérez, politólogo y profesor universitario especialista en el tema.

“Debemos aceptar que es una nueva generación de hinchas del fútbol, que lo ven con otros matices y de una manera distinta”, concluye Guillermo Otalvaro, presidente de Ubanal.
Aunque sobrediagnosticadas   las “barras bravas” en  la ciudad quieren apoyar las políticas claras para la paz y la convivencia que plantean desde   la Administración Municipal, por parte de Federico Gutiérrez Zuluaga.  

Así, el hincha de fútbol  en Medellín  pasó de  una curiosidad por el juego hacia un fanatismo extremo, muy al pesar de mi abuela materna.