sábado, 24 de enero de 2026

La tarjeta verde: entre la pedagogía y la justicia del juego

 

Por: Edwin Ortega Ospina- Director A TODO DEPORTE

El fútbol siempre ha sido más que goles y victorias. Es un escenario donde se reflejan valores, tensiones y hasta contradicciones de la sociedad. En medio de esa complejidad, la tarjeta verde aparece como un símbolo con múltiples significados: en su origen, un gesto pedagógico para premiar la honestidad; en su aplicación reciente, una herramienta tecnológica para garantizar justicia arbitral.

Hace más de tres décadas, el periodista y árbitro antioqueño Roosevelt Castro Bohórquez ideó la tarjeta verde como un recurso para educar a los niños en valores. No se trataba de sancionar, como lo hacen la amarilla o la roja, sino de exaltar el respeto, la nobleza y el juego limpio. Su motivación era clara: contrarrestar la violencia que comenzaba a permear el fútbol y enseñar que ganar no debía ser a cualquier costo. Con una pequeña lámina que contenía mensajes éticos, Castro convirtió un simple cartón en una lección de vida que viajó más allá de Medellín y terminó llegando a torneos en Italia, Argentina, España, Japón y varios países de América Latina.

Esa misma tarjeta verde, con otro significado, reapareció en el Mundial Sub-20 de Chile en 2025. Allí, bajo el sello de la FIFA, no fue un símbolo pedagógico, sino una herramienta reglamentaria: se usó como acceso al Football Video Support (FVS), un sistema alternativo al VAR que permite a los entrenadores pedir revisiones en jugadas polémicas. La primera vez que se aplicó en el torneo fue para anular un penalti mal sancionado a Marruecos en su duelo frente a España.

 En este escenario, la tarjeta verde ya no premió virtudes humanas, sino que garantizó la corrección de malas decisiones arbitrales.

Podría parecer que son dos historias distintas. Una que habla de valores, otra de tecnología. Pero en realidad ambas convergen en el mismo propósito: proteger la esencia del juego limpio. La propuesta de Castro Bohórquez  busca que los niños aprendan, a través del ejemplo, que la honestidad es tan importante como el talento. La FIFA, al adoptar la tarjeta como recurso reglamentario, busca que el fútbol mantenga su credibilidad y que los resultados no se vean empañados por errores injustos.

La riqueza de este símbolo está en su doble rostro. Para unos, es memoria de un árbitro antioqueño que soñó con un fútbol más humano; para otros, es la llave de la justicia deportiva en un campeonato mundial. Ambas versiones dialogan y se complementan: una mira a la formación de valores desde la infancia, la otra garantiza que el profesionalismo no pierda su rumbo.

El riesgo, claro, está en que la dimensión pedagógica se diluya en medio de lo técnico. La tarjeta verde no puede ser reducida solo a un recurso reglamentario; debe conservar la inspiración original que le dio vida: el reconocimiento de la nobleza en el deporte. Porque el triunfo más grande del fútbol no es levantar una copa, sino mantener viva la dignidad del juego.

En definitiva, el legado de Roosevelt Castro Bohórquez trasciende fronteras y significados. Su tarjeta verde, tanto en los pies de un niño que aprende a respetar al rival como en las manos de un árbitro que busca justicia, nos recuerda que el verdadero ganador es siempre el juego limpio.

https://www.youtube.com/watch?v=6qi_4hmRnvI

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